miércoles, 2 de enero de 2013



EL “AÑO VIEJO”
EN
VILLARGORDO de JAÉN

Colaboración de Paco Pérez

Capítulo II

Continuamos con los recuerdos del “Año Viejo” de 1978, el de “Los piratas”. Os comenté que cada cual llevó muy en secreto el personaje de su disfraz y una muestra de ello es que Paco Gómez “Porroncho” y Diego Lerma “Malacara” aparecieron interpretando la legendaria figura del pirata. 

Paco, de profesión herrero, le incorporó al personaje la prótesis característica de aquellos hombres cuando perdían una mano, un garfio. Diego, de profesión carpintero, se fabricó, como no, una pata de palo.
La dichosa pata hizo pasar a Diego las de Caín pues la tuvo puesta desde la tarde hasta después de las uvas y, cuando ya regresamos a la “casilla”, tuvo que quitársela porque no podía aguantar más.
Como llovió mucho, el personaje se hizo más célebre porque tuvo el ingenio de venir, con su esposa Isabel Moreno, en coche. El hecho tuvo más importancia porque la pata de palo se acoplaba a la pierna derecha y, como ésta es la que se usa para frenar y acelerar, él decidió venir en su viejo 4 L para poder cruzar la “Cañailla”, era un río esa noche…
¿Qué hubieran hecho ustedes para solucionar el problema?
Él, cuando comprobó que la lluvia no remitía, se acercó a la carpintería y se hizo un artilugio manual que le permitió acelerar y frenar, imagínense a un picador de toros con la diferencia de que Diego puso, en sustitución de la puya, una tableta que hiciera de pie.
Cierren los ojos e imagínense a Diego acoplándose en el coche con la pierna doblada y atada a la pata, los acoples sujetos en el muslo y toda esta acción en el habitáculo tan estrecho del 4 L.
Cuando atracó en el puerto de la “casilla” montado en su velero, después de muchos sufrimientos y de salvar las tortuosas aguas que se le pusieron delante lo recibimos como al  heroico pirata de los libros, ese que surcó los océanos en busca de tesoros.
Todo iba perfecto hasta ese momento pero con tanto ajetreo previo se le olvidó que dos náufragos le habían mandado un SOS, no sé cómo pero sí sé que lo hicieron unas horas antes, para que los rescatara porque estaban atrapados en su casa, Joselillo Carretero y su esposa Maruja García. Éstos, cansados de esperar, decidieron mojarse para salvar la noche. Lo desagradable fue la llegada, José vociferó un poco, Diego reconoció su error y le argumentó que con el temporal se desorientó más de la cuenta. Como el pirata Paco estaba muy ducho en este tipo de situaciones, cuando llegaban a un puerto, pues recordó otros casos similares y, con su garfio, destapó hábilmente un barril de ron, les ofreció un trago, se dieron un abrazo y uno de los muchos que esa noche hacíamos allí el “indio” trajo una pipa, la fumamos y la PAZ imperó ya en toda la noche… ¿No se creen la historia?
Pues lo mejor es la prueba del algodón, aquí están los dos matrimonios en la foto después echar el trago y fumar en la pipa…
¿Les mentí?  
El célebre José Mateos “El ciego” estaba comenzando a salir con María y nos preguntó si podía venir a la fiesta, lo hizo porque no la conocíamos debido a que vivía en Jaén. Cuando le comentamos que eso ni se preguntaba y que de lo único que tenía que preocuparse era de ir preparando los disfraces se mostró reticente. Llegamos a un acuerdo y a ella le permitimos asistir de calle pero a él no.
Tomando café me pidió que le orientara sobre su disfraz y después de diversas conjeturas le hice esta pregunta:
-¿Tienes alguna prenda de vestir negra?
- Sí –me contestó.
- ¿Qué es?
- Un abrigo viejo de mi papa.
- Ya está, tema resuelto.
- ¿Qué es eso de ya está?
- Tú irás de cura y esa noche nos confesarás a todos.
Recuerdo aquel rictus risueño de mi gran amigo José: Cigarro cogido con sus dedos índice y pulgar de la mano derecha mientras ésta colgaba paralela a su pierna, mano izquierda oculta tras la espalda, labio inferior mordido por los dientes para contener la risa y cabeza levemente inclinada hacia abajo y girada hacia la derecha.
Permanecimos en silencio durante unos segundos y después comenzamos a dar carcajadas.
Comprendió que mi sugerencia era la más fácil de preparar e interpretar y terminamos dándole forma al disfraz: Sombrero negro, gafas de sol negras, camisa negra y tira blanca.
El día de marras, cuando ya estábamos calentitos, le propuse que nos confesara, él se negó argumentando que no había confesionario y entonces lo llevé al segundo cuerpo de la casa que tenía un alacena de pared con puerta y se la propuse para la ocasión. Ahí acabó la broma.
María, la amiga de José, no nos conocía y esa circunstancia le hizo confundir a Juan Jiménez con un niño. Éste iba disfrazado del personaje de ficción conocido como “Cristobalito” por lo que vestía calzones cortos de peto, calcetines blancos y se hacía el juguetón mientras simulaba hacerlo con el juguete que llevaba.
Ella, confundida, se acercó a él por ser un niño inocente y, como no conocía las dependencias de la casa, le pidió que la llevara al servicio.
Cuando vimos a Juan llevarla de la mano hacia el meódromo nos despelotamos de risa.
Nuestro cocinero, Sebastián MoralGalgo viejo”, vestía como un típico romano, él decía que iba de Nerón: vestido largo de finas telas, corona de laurel y sandalias.
No llevaba pesadas ropas pero el mover la carne con la paleta en una lumbre de palos, los vapores del vino queriendo salir del cuerpo y el sopor de la comida le hicieron tomar una decisión rápida para combatir el calor que acumulaba en su cuerpo. Cuando salimos a la calle para ir al reloj a tomar las uvas… ¡¡¡Increíble!!!
Se sentó en uno de los múltiples charcos con que la noche lluviosa había adornado la calle y comenzó a echarse agua con las manos. Imaginen qué pudo venir con esa visión al grupo.
Esta han sido algunas de las acciones más relevantes de la velada, las que nunca se olvidan. Como tampoco se olvida a aquellos con quienes compartí más de una “Noche Vieja”: Felipe Moral, Joselillo Carretero y José Mateos.

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