Colaboración de Manuel Sánchez
García
Entre sus manos amarillas y carcomidas
descansaba
entreabierto un libro de agricultura.
Sus
viejas venas palpitaban agradecidas
por aquel bucólico libro de tan altura.
Colaboración de Manuel Sánchez
García
descansaba
entreabierto un libro de agricultura.
Sus
viejas venas palpitaban agradecidas
por aquel bucólico libro de tan altura.
Colaboración de Paco Pérez
JESÚS CONFIRMA LAS ESCRITURAS
Cuando
el pueblo judío regresó de Babilonia,
donde habían estado cautivos, comprobó que Jerusalén, el Templo y
las instituciones estaban destruidas y esa realidad les hizo comprender
que necesitaban levantarlo todo de nuevo. El primer paso que dieron fue asumir
que debían guiarse por normas y, como no las tenían, el sacerdote
y escriba Esdras se
encargó de leerles el Libro de la Ley,
el Pentateuco para los cristianos y la
“Torah” o “Ley” para los judíos. Después
de leerlo explicó al pueblo su contenido, éste lo
aceptó, lo proclamó como la “Santa Ley de Dios” y con ella se
guiaban.
Han pasado muchos años y me pregunto… ¿Hemos mejorado como comunidad?
Colaboración de Paco Pérez
MANIFESTACIÓN PÚBLICA DE JESÚS
Los
textos bíblicos, a veces, están tan
cargado de símbolos que deben ser
explicados bien o se correrá el riesgo de dejar a quienes escuchan o leen sin comprender
el mensaje. Esta forma de comunicar es tan antigua que también lo encontramos
hoy en Isaías 62, 1-5. En él se nos habla de unos novios que son
identificados así: el Señor, un rey responsable que sale a
luchar en defensa de los habitantes de la ciudad de Jerusalén, la
novia. Cuando vence en el combate regresa ilusionado para ofrecer a su novia
la victoria, desde lejos observa las murallas de Jerusalén y la imagen que percibe le evoca la silueta de la
corona que le ceñirá en su cabeza el día de la boda.
En un plano real, el profeta también les habló del amor que el Señor sentía por Jerusalén y sus gentes, ensalzó sus cualidades y les pidió que le correspondieran bien porque esa sería la llave que siempre abriría las puertas de la salvación.
Colaboración de Juan Antonio Martos Moreno
Ante la grave situación del COVID-19 en el pueblo y la alta tasa de incidencia, supera los 60 infectados, y el aumento considerable de las incidencias: En los últimos 7 días hemos tenido 53 positivos con una incidencia, por cada 100.000 habitantes, de 2349,93 y según el Ministerio de Sanidad se considera de muy alto riesgo a partir de 500 por cada 100.000. Además, es una auténtica VERGÜENZA que se sigan haciendo los PCR y los TEST de ANTÍGENOS en un Centro de Salud situado en todo el centro del pueblo y los sanitarios tengan que hacer su trabajo para tomarlas en plena calle.
Colaboración de José Carlos Castellano Calles
Historia
de una fotaco en el Paseo de Villargordo, frente al bar de Pancho.
¿Por
la zocata, primero?
¡Pedro, “El Chispo”, futbolero!
¿Segundo y hecho un gancho?
¡El
Juanito, “Pancho”!
Colaboración de Paco Pérez
Y EL NUESTRO
El
pueblo vivía en el destierro, estaban desanimados y el profeta Isaías,
para levantarles el espíritu, les anunció la venida de un hombre extraordinario
pero no les habló del Mesías sino
que lo mostró con unas virtudes únicas que le permitirían cambiar lo
tradicional sin emplear la violencia y las armas, lo haría empleando
la humildad y la fuerza de sus palabras. Así es como abriría
los ojos a los ciegos, de espíritu, liberaría a las personas
que vivieran cautivas de los problemas que les causan las fuerzas del mal y su
acción sería permanente, lo haría hasta que lograra instaurar el orden
verdadero entre las personas.
Pasaron los años, el “Plan de Dios” para el hombre siguió cubriendo sus etapas y le correspondió a Juan “El Bautista” allanar los caminos del Señor.
Colaboración de Paco Pérez
Y SE
ENCARNÓ EN JESÚS
Pasan
los años y los hombres cambian el comportamiento hacía Dios o las personas,
unas veces se acercan y otras se alejan pero la actuación de Dios
siempre va en la misma dirección… ¿Por qué?
Porque
es inmutable y nos ama de verdad.
En la Biblia leemos hoy un texto escrito por Ben Sirá en el año 180 a.C., está en el libro del Eclesiástico. En él se nos muestra a Dios como la Sabiduría que ya existía desde el comienzo de los tiempos, en ella estaba Dios porque era Dios y, más adelante, se manifestó en Jesús como la Palabra hecha hombre.