jueves, 7 de marzo de 2024

NACER DE NUEVO

 Colaboración de Paco Pérez

EL CAMINO DE LA SALVACIÓN

Quienes caminan por lugares inadecuados suelen dejar huellas que los ponen en evidencia. El pueblo de Dios y quienes dirigían sus destinos, civil y religioso, caminaban así y, aunque el Señor los advertía por mediación de los profetas, ellos continuaban con su comportamiento desnortado, sufrieron la invasión de los caldeos y éstos lo destruyeron todo, el pueblo fue deportado a Babilonia y allí vivieron esclavizados. Cuando se cumplió la profecía de Jeremías el Señor les regaló la liberación y regresaron a Israel.

Con este lento proceso de acontecimientos, el Señor les hizo ver que aquí nada es definitivo, que todo es temporal, que debían aprender de esa experiencia para cambiar el comportamiento y poder ganarse el viaje a la eternidad.

Pasaron los años y el Señor nos regaló el viaje de la salvación con la venida de Jesús. Esta realidad no debe confundirnos y llevarnos a pensar que, hagamos lo que hagamos, el premio ya está ganado. Pensar así es un error porque en Santiago 2,17 se nos advierte:

[Así también la “fe”, si no tiene obras, es muerta en sí misma.].

Nicodemo, siendo un judío relevante, buscó a Jesús y con esa acción nos enseñó que no debemos permanecer encorsetados en las normas de la tradición religiosa sino mostrarnos abiertos para buscar la verdad y abrazarla allá donde la encontremos. Él lo hizo encontró la verdad cuando recibió el impacto de la predicación y acción de Jesús… ¿Por qué?

Porque aprendió que Él enseñaba, acogía y ayudaba a todos, que lo hacía con humildad y sin marginar a nadie, lo contrario de la élite religiosa del judaísmo.

Jesús le enseñó que para cambiar era necesario volver a nacer, no del vientre materno sino bautizándose para poder recibir el Espíritu Santo.

En la semana pasada Jesús nos enseñó que siempre es  necesario reformar los poderes religiosos y políticos cuando oprimen y confunden y hoy continúa con las reformas, en este caso se dirige a  las personas.

Para Pablo, la salvación de los hombres se alcanzó con la muerte y resurrección de Jesús porque Dios quiso que fuera un regalo de Él para todos, así no estaría sujeta a nuestra buena o mala conducta y nos evitaría que la mostremos como el logro de nuestras buenas obras cuando la realidad es otra, fue el regalo de su gran misericordia.

A pesar de ello, como nos creó libres, siempre tendremos que elegir el camino por el que deseamos viajar, el de la LUZ o el de las TINIEBLAS.

 

 

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