viernes, 28 de noviembre de 2025

ADVIENTO I

 Colaboración de Paco Pérez

TIEMPO DE ESPERA Y AMOR

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: ISAIAS 2, 1-5

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:

        Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.

        Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos.

Dirán:

        «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.»

         Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas.  No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

SALMO RESPONSORIAL: 121

R. Vamos alegres a la casa del Señor.

        Qué alegría cuando me dijeron: «¡Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.

         Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.

        Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios.» R.

        Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo.» Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. R.

2ª LECTURA: ROMANOS 13,11-14

        Hermanos:

        Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.

        Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo.

EVANGELIO: MATEO 24,37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.

        Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.

        Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

        Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.

        Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

REFLEXIÓN:

El Adviento es tiempo de preparación, en él recordamos que la venida de Jesús está próxima y que debemos estar vigilantes. Lo haremos:

Esperando, pero si nuestra única respuesta es que Él actúe y no colaboramos, el mundo no arreglará sus rotos y no lograremos cambiar lo que no funciona.

Vigilando de manera permanente nuestro entorno social, político y religioso para que sus influencias en la familia y en la comunidad ayuden a mejorar.

Siendo justos e inconformistas para estar en permanente revisión de lo personal y lo colectivo.

Descubriendo y denunciando las irregularidades que flotan en nuestro entorno pero haciéndolo con la sana intención de corregir las equivocadas, incluida la nuestra.

Recordando a los profetas aprendemos que, guiados por el Señor, intervenían para pedir a las personas que cambiaran. Luego, si nada es nuevo bajo las estrellas… ¿Por qué no escuchamos aquí a quienes intentan guiarnos para que cambiemos?

Si lo hiciéramos no olvidaríamos que la casa del Señor permanecerá hasta el final de los tiempos intacta y encumbrada sobre todos y que, a pesar de las dificultades que se presentan durante el camino, las personas que buscan al Señor y abrazan sus leyes entierran la violencia y construyen una paz duradera.

No obstante, la realidad enseña que a veces nos olvidamos del Señor para vivir el día a día sin pensar que aquí estamos de paso y que no somos eternos.

Jesús, para que comprendiéramos mejor esa realidad, nos propuso varios ejemplos que ayudaran a cambiar de tendencia. En ellos se aconseja vivir en estado de alerta permanente para dar respuesta a los problemas de quienes nos rodean, no vivir confiados en que lo hacemos muy bien porque somos buenas personas y no creer que nunca nos llegará el final de nuestra estancia aquí. También nos recuerda la inutilidad de este comportamiento porque en el momento más inesperado nos encontraremos con el Señor y, si no hemos estado vigilantes… ¿Seremos acogidos o rechazados?

El evangelio deja clara la repuesta, nos toca a nosotros saber qué hacemos sobre la vigilancia y qué no; que vigilar es responder a las problemáticas de la vida pero no lo es estar pendientes sólo de los cumplimientos tradicionales y muy poco, o nada, de los problemas ajenos.

Pablo transmitió a la comunidad la evolución que había experimentado el camino de la salvación y lo hizo razonándoles sobre los cambios que debían realizar en sus relaciones con Dios… ¿Por qué?

Porque Jesús, con sus enseñanzas, regaló la luz que permite conocer qué podían hacer, qué no y qué excesos debemos evitar porque generan hábitos malos y distorsionan el verdadero sentido de nuestros actos.

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