jueves, 15 de octubre de 2026

LOS TRIBUTOS, UNA CARGA PESADA

                                            Colaboración de Paco Pérez

¿HEMOS MEJORADO?

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: ISAÍAS 45, 1. 4-6

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano:
«Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.
Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios.
Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor, y no hay otro.»

SALMO RESPONSORIAL: 95

R. Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda; decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente.» R.

2ª LECTURA: TESALONICENSES 1, 1-5B

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.
Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

EVANGELIO: MATEO 22, 15-21

En aquel tiempo los fariseos se retiraron y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias.

Dinos, pues, qué opinas: ¿Es lícito pagar impuesto al Cesar o no?       

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: ¡Hipócritas!, ¿Por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. Le presentaron el denario. Él les preguntó ¿De quién son esta cara y esta inscripción?

Le respondieron: Del César.

Entonces les replicó: Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

REFLEXIÓN:

El Señor, cuando elige a las personas, las protege para que no nada les impida desempeñar la misión que Él les encomienda y puedan cumplirla … ¿Por qué?

Porque, estando en el destierro, al ser su acción invisible quienes esperaban de Él ayudas dignas de su grandeza se desesperaban al comprobar que quienes seguían a los dioses triunfaban.

El salmo lo aclara y nos ayuda a desmontar esos sentimientos afirmando que el Señor es justo, recto, bondadoso… y nos recuerda que las obras de los dioses del mundo son falsedades humanas pero las suyas sí son reales.

Cuando Jesús evangelizaba no aceptaban sus propuestas, intentaban desacreditarlo y un día, para conseguirlo, se le acercaron con la intención de confundirlo… ¿Cómo?

Haciéndole una pregunta cargada de mala intencionada y ponerlo en apuros cuando la respondiera:

- ¿Es lícito pagar impuesto al Cesar o no?

Con ella pretendían que eligiera una de esas dos propuestas pues así, los que se sintieran perjudicados, se levantarían contra él.

Él puso al descubierto sus trampas pidiendo que le mostraran la moneda, les preguntó sobre ella y después les respondió con justicia: [Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.].

Pablo, después de haber estado evangelizando en Tesalónica, escribió a los miembros de aquella comunidad para agradecerles la labor evangélica que estaban realizando y comunicarles que no los olvidaban en sus oraciones pidiéndole al Señor para que les ayudara a continuar firmes en la fe, esperanza y amor para que Él los empujara en el desempeño de su misión evangelizadora y avanzaran.

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