jueves, 2 de octubre de 2014

¡A LO LOCO, SE VIVE MEJOR!

Colaboración de Paco Pérez

D. Felipe Iriarte Fernández fue un cura joven que vino a Villargordo, cuando se marchó D. Diego García Hidalgo, en septiembre de 1953.

Fue, como sacerdote, una persona que supo conectar con los jóvenes de aquel tiempo pues sus formas de tratarlos eran diferentes a las que ellos habían estado acostumbrados hasta su llegada.
Como amaba el fútbol con locura pues se iba al descampado que había frente al viejo “Cuartel de la Guardia Civil”, hoy “Hogar del Jubilado” y “Centro de Educación de Adultos”, y lo practicaba mezclado con los jóvenes y niños, remangándose la sotana hasta la cintura. Por esta forma de proceder tan chocante, y otras novedades en las relaciones con ellos, nacieron sus buenas amistades con todos y en determinados momentos del juego ya se olvidaban del respeto que entonces se le tenía al “páter” y cualquiera era bueno para gritarle:
- ¡¡¡Felipe, chuta!!!
Esta expresión futbolera quedó grabada en la memoria de quienes lo conocieron durante muchos años después de su marcha.
Tenía una excelente cultura y muy experto en cine, como fruto de estos dos elementos culturales escribió algunos libros y estando aquí publicó “Dios en la pantalla”.
Era un avanzado para los usos y costumbres de su tiempo, de ahí que siempre fuera asociada su imagen a la de su “vespa”, aquella moto inolvidable de los años cincuenta. Él rompía siempre los moldes porque no seguía el protocolo de los tiempos y dejó, a su marcha, muy buenas amistades con muchas personas de diferentes edades y por eso siempre fue recordado por todos con gran cariño.
Tres de sus grandes amigos fueron José Carretero LópezJoselillo”, Adriano Jiménez MendozaEl chápiro” y Francisco Pérez Soriano, mi abuelo. Si nos fijamos bien en las coincidencias veremos que los cuatro coincidían en pasarse por el arco del triunfo la normalidad, de ahí que hicieran tan buenas migas.
Con la “vespa” del cura hicieron montones de viajes, siempre por temas de la parroquia con mi abuelo y con Adriano por otras múltiples razones.
Como no paraban de viajar, un día decidió complacer el deseo de su hermana Genoveva y accedió a darle un paseo motorizado hasta la ermita del “Cristo de la Salud”.
Los curas vivían entonces en la casa parroquial y por ello salieron por la calle “Los muertos” hacia el “Panteón” y continuar por el “Pecho de la ermita” hacia el lugar previsto.
Como él iba siempre bien acelerado pues al llegar a la cuesta de “Cerote” le dio más velocidad, había muchas piedras en esa zona, la moto se movió demasiado y, como entonces las mujeres viajaban de lado, ella perdió el equilibrio y se cayó.
Él iba a lo suyo, dominar la moto, y no se percató de lo ocurrido a su hermana hasta que llegó al “Cementerio”, entonces regresó y se la encontró tirada en el suelo, llorando y magullada.
Aquella historia se difundió por el pueblo con gran rapidez y, como somos unos artistas pues al llegar el Carnaval le escribieron al accidente una canción que decía:
A lo loco,
a lo loco,
D. Felipe montao en una moto.
A lo loco,
a lo loco,
a Genoveva la lleva detrás.
A lo loco, a lo loco, a lo loco,
a su hermana la quiere matar. (Bis)
Después de unos años D. Felipe fue trasladado a una parroquia de Jaén, la de Santa María Magdalena.
Un tiempo después abandonó el sacerdocio, se casó y tuvo dos hijas. Estableció su residencia en Huelva, trabajó allí en la enseñanza como profesor de instituto, sufrió infartos y falleció. Esta parte final la conocí por su amigo Joselillo pues mantenían intercambio epistolar.



3 comentarios:

  1. ¡Qué sorpresa nos depara internet! Me ha encantado esta entrada sobre mi padre D. Felipe. Muchas gracias

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  2. Mi madre dice que escuchó esa cancion despues de la guerra ... La he buscado en internet y me sale la de celia cruz y jarabe de palo...

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  3. Por favor ai hay referencias de que existiera me gustaria saberlo Gracias

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