sábado, 30 de octubre de 2021

DEBEMOS CUMPLIR LA LEY

Colaboración de Francisco Pérez López

SIN OLVIDARNOS DEL AMOR A LOS INDEFENSOS

Las personas siempre creyeron en un ser superior y esa creencia hizo que poco a poco tomaran conciencia de su presencia entre ellas. Cuando llegó el momento, Dios se manifestó a Moisés en el Sinaí y le entregó los Mandamientos que guiarían la religiosidad de su pueblo. Cuando bajó, habló al pueblo y le comunicó que el Señor se los había dado para que los cumplieran durante toda su vida y así Él les regalaría prosperidad y larga vida. También les recordó que había un Dios solamente y que a Él todos debían amar.

Pasaron los años y el judaísmo estableció su modelo religioso con 613 mandamientos y los clasificó en preceptos, lo que debían cumplir, y prohibiciones, lo que nunca debían hacer.

Más adelante vino Jesús y vivió entre ellos como uno más. Cuando comenzó a predicar se topó con el rechazo a sus enseñanzas porque el judaísmo los había educado en una práctica religiosa deformada que estaba alejada del mensaje que Él predicaba, el amor a Dios y al indefenso. El pueblo se opuso a sus enseñanzas (amar al prójimo, perdonar…) y a sus buenas acciones (curar a los enfermos, dar de comer al hambriento…) porque no lo comprendieron y el poder religioso y el político porque como Él predicaba una doctrina que no favorecía las prácticas del Templo y ellos obtenían con ellas muchos beneficios económicos del comercio que había en sus inmediaciones para cumplir con las ofrendas pues temían perder los ingresos y por esa razón ambos poderes actuaron de manera coordinada contra Él para manipular al pueblo en su contra y que todo continuara igual.

Los contemporáneos de Jesús no comprendieron quién era ni el verdadero sentido de lo que hacía pero lo más lamentable es que las generaciones posteriores tampoco hemos sabido interpretarlo correctamente todavía y no nos hemos forjarnos un correcto compromiso cristiano.

¿Por qué seguimos sin responderle?

Porque hemos sido adoctrinados con los mandamientos del Sinaí y los hechos de Jesús pero se nos enseñaron con una interpretación poco acertada al insistir en las prohibiciones, como hizo el judaísmo, y en las consecuencias del pecado. Ese camino originó que, al ser débiles, pecáramos y creciéramos con un sentimiento de culpabilidad permanente y teniendo miedo al más allá, sin tener en cuenta que Jesús enseñó que Dios perdona y acoge con su amor infinito. También se nos enseñó, y enseña, con la práctica que los actos del templo (misa, rosario, triduo etc. a los santos, procesiones…) tienen mucha importancia y las personas, cuando participan, salen muy satisfechas al acabar esos actos pues consideran que han cumplido con lo que Dios desea que hagan.

¿Qué solución se nos ofrecía, y ofrece, para recibir el perdón de nuestros pecados y evitar el Infierno?

Arrepentirnos, acudir al confesionario para recibir el perdón, cumplir la penitencia y recibir la Eucaristía.

Antes nadie se acercaba a recibirla sin haberse confesado y ahora, como ya han desaparecido los miedos del pasado, nadie debe pecar porque ha decrecido esa necesidad de confesarse y por esa razón en los bancos quedamos muy pocos, yo estoy en este grupo minoritario porque considero que dar bandazos no es correcto, es decir, o la praxis de antes era incorrecta o es la de ahora y por eso prefiero recibir a Cristo cuando estoy preparado, lo que me enseñaron, y siempre después de confesarme.

Es una realidad que los fieles hemos reglado nuestro cumplimiento en asistir a misa; dar culto a las imágenes en triduos, quinarios, novenarios o procesiones; no considerar que poner al prójimo en el centro de nuestra vida es lo prioritario y que no ayudarle en sus necesidades no tiene importancia pero sí divulgamos sus miserias, sean verdaderas o falsas; actuamos pensando en nuestros intereses, como si viviéramos solos en una isla, cuando la realidad es totalmente diferente pues estamos rodeados de personas que necesitan de nuestro empuje y nosotros del suyo…

Dios, con su sabiduría, mostró el camino que guiaría a las personas pero las confesiones religiosas crearon, y crean, un sistema particular y con él restringen la capacidad de raciocinio y libertad de las personas, así nos impiden decidir sobre qué debemos hacer y qué no.

En Hebreos 7, 23-28 se recuerda la evolución que experimentó el sacerdocio. En el A.T. los sacerdotes, al

ser mortales, tenían que oficiar cada día para pedir a Dios perdón por sus pecados y por los de las personas pero cuando vino Jesús cambió ese planteamiento… ¿Por qué? Porque Él, como no cometió pecado y es inmortal, no tuvo que oficiar a diario para pedir perdón al Padre por ellos sino que continúa entre nosotros para escuchar nuestros problemas e interceder ante Él para que se nos solucionen; aceptó ofrecerse en sacrificio por los pecados de todos los hombres de todos los tiempos, lo hizo en un acto único pero fue suficiente y para siempre… ¡Por eso no lo repite cada día, como hacían los sacerdotes del A.T.!

El sacerdocio mediador de Cristo nos aclara que la función de los sacerdotes no tiene nada que ver con la cultura de los pueblos o con los actos litúrgicos de las confesiones religiosas, por ejemplo, del judaísmo o cristianismo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario