Colaboración de Paco Pérez
SIENDO SAL Y LUZ
TEXTOS, para
meditarlos:
1ª LECTURA: ISAÍAS 58, 7-10
SALMO
RESPONSORIAL: 111
El
justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R.
Su
corazón está seguro, sin temor. Reparte limosna a los pobres; su caridad es
constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad. R.
2ª LECTURA: CORINTIOS 2, 1-5
EVANGELIO: MATEO
5, 13-16
«Vosotros
sois la sal de la tierra. Mas si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros
sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un
monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para
ponerla en el candelero, y que alumbre a todos los de la casa.
Alumbre
así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria
a vuestro Padre que está en el cielo.
REFLEXIÓN:
Isaías
les enseñaba cómo recorrer el verdadero camino… ¿Por qué?
Porque
sabía que
ayunaban ofreciendo sacrificios a Dios pero después, cuando creían que sus
peticiones no eran escuchadas, lo acusaban de no ayudarles y él les reprochó su
comportamiento así: [Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los
pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.].
¿Qué
pensará Dios cuando ayunamos, de
alimentos, unos días en Cuaresma
y no lo hacemos solucionando las
necesidades ajenas?
Él
nos permite seguir tomando
decisiones en libertad, aunque
estén equivocadas, pues espera que cambiemos y, si algún día estamos en apuros,
Él nos ayudará aunque no lo
percibamos.
Estas
realidades hacen que las enseñanzas de Jesús aún no sean percibidas de la misma
manera por todas las personas y eso me hace preguntarme… ¿Necesitamos conocerlo mejor o es que estamos
más cómodos ignorándolo?
Juzgarlo
sin conocerlo es un error, lo correcto es preocuparnos de conocer qué nos pide,
cambiar nuestras formas equivocadas de pensar, practicar la verdad y la
justicia y enterrar la mentira.
La
guerra entre los judíos y Roma
ocasionó la destrucción del Templo y acabó con la clase sacerdotal y el culto. Después, por estos hechos históricos, surgieron
varias tendencias en el judaísmo y se reunieron para fijar unos puntos en
común. De ahí salieron dos grupos, los judeo-fariseos cambiaron la fachada a su
creencia pero la esencia no pues
continuaron sin aceptar a Jesús pero los judeo-cristianos de Mateo sí y evangelizaban con el modelo que Jesús
enseñó y Mateo les recordó:
[Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo…].
Lo hizo así porque vivían momentos de incertidumbre
y, para animarlos a seguir firmes, les mostró el camino con estos dos elementos
esenciales de la vida, la “sal” y la “luz”. Debían comportarse: Como la “sal”, dejando el sabor de un buen
recuerdo en sus relaciones y que éstas se conservaran intacta en el
tiempo. Como la “luz”, ayudando a ver el camino pues, si Jesús fue “luz” con su ejemplo de vida, ellos también lo serían y harían que la Palabra
fuera más entendible.
Mateo les dijo también: [… si vuestra
justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de
Dios.].
Lo
hizo porque si el modelo judeo-fariseo
rechazó injustamente a Jesús
ellos debían continuar comunicando y practicando las enseñanzas de las “Bienaventuranzas”, conociendo los
peligros que acechaban a quienes lo seguían.
Pablo,
al
iniciar su misión apostólica, se presentó como una persona sin preparación, sabiduría y elocuencia
que intentaba, con la ayuda del Espíritu, mostrarles las enseñanzas
de Jesús a
través de las cosas buenas que hizo, que murió crucificado por nosotros y que debían buscar el apoyo
del Espíritu en sus obras y no perder la fe, cosa que suele ocurrir a quienes
buscan el respaldo de los hombres y se olvidan de Dios.
Afirmaba
que Jesús utilizaba la ignorancia y la debilidad del mundo para vencer a la
cultura y la fuerza de la injusticia.
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