viernes, 30 de enero de 2026

EL SERMÓN DEL MONTE

 Colaboración de Paco Pérez

ARREPETIMIENTO Y ENMIENDA

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: SOFONÍAS 2,3; 3, 12-13

Buscad al Señor, los humildes, que cumplís sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor.

«Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor.

El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»

SALMO RESPONSORIAL: 145

R. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

2ª LECTURA: CORINTIOS 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.

Y así -como dice la Escritura- «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

EVANGELIO: MATEO 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos: y él se puso a hablar enseñándoles:

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

REFLEXIÓN:

Sofonías les decía que, para agradar al Señor, debían ser humildes; hacer el bien y huir de la maldad; ser sinceros, moderados y justos en sus relaciones sociales y, sobre todo, cumplir sus mandamientos… ¿Por qué?

Porque vivir siendo pobres no impide confiar en el Señor sino lo contrario, es una ayuda para cuando se encuentren con Él.

Pasaron los años, vino Jesús y se ilusionaron pues deseaban que todo cambiara pero tenían argumentos diferentes: Unos, esperaban un guerrero libertador; otros, necesitaban un defensor de sus privilegios económicos y sociales y quienes vivían de dominar con su intelecto a la clase inculta.

Su predicación convenció a muchas personas, éstas abandonaron el judaísmo, siguieron sus consejos y sufrieron la marginación de quienes tenían el poder

-religioso, político y económico- pero, a pesar de las injusticias que recibían de éstos, permanecieron a su lado.

Jesús, conociendo la realidad que los oprimía, les enseñó con las Bienaventuranzas sus situaciones personales, se las agrupó por la afinidad de sus características, les dio la respuesta adecuada a cada una de ellas y los animó a permanecer firmes en la fe para que ésta les ayudara a continuar unidos, rectos y sin dudas.

También les dijo que los contratiempos no debían enfocarse como “sufrimiento” sino como “dicha” si respondemos: Con bondad, a la maldad de quienes nos ofenden; con solidaridad, ante las desgracias ajenas; con justicia cuando atropellan nuestros derechos… La gran preocupación de Jesús fue erradicar la “pobreza” pero no en sentido “material” sino “espiritual”… ¿Por qué?

Porque siempre asociamos la pobreza con no tener comida, casa o dinero pero damos poca relevancia a la “pobreza del espíritu”, esa que afecta a quienes: Viven en soledad; son marginados por el color de su piel, religión o condición social; son encarcelados siendo inocentes; no pueden expresarse con libertad por culpa de leyes opresoras…

Pablo, para mostrarles la grandeza de Dios, les hizo ver que Jesús no escogía a las personas ricas de la sociedad o destacadas en alguna rama de la ciencia o la cultura para que le ayudaran a evangelizar o hacer obras buenas, los escogió por ser pobres, incultos y buenas personas… ¿Por qué?

Para hacerles ver qué cosas y quienes eran de su agrado o qué cosas y quienes no lo eran y para enseñarles que todo lo bueno que ocurría lo podían realizar las personas normales que cumplen sus leyes.

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