sábado, 10 de enero de 2026

EL BAUTISMO

 Colaboración de Paco Pérez

JESÚS LO PIDIÓ…¿Y tú?

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: ISAÍAS 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.

        Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.

        No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

        La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.

        Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

SALMO RESPONSORIAL: 28

R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

        Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.
        La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. R.
        El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno. R.

2ª LECTURA: HECHOS 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

- Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

EVANGELIO: MATEO 3, 13-17   

Entonces llegó Jesús desde Galilea al Jordán y se pre­sentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disua­dirlo diciéndole:

- Soy yo quien necesita que tú me bautices, y ¿tú acudes a mí?

Jesús le contestó:

- Déjalo ahora. Está bien que cumplamos todo lo que Dios quiere.

Entonces Juan se lo permitió.

Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: Este es mi hijo, el amado, mi predilecto.

REFLEXIÓN:

Isaías anunció la llegada de un personaje extraordinario que enderezaría el rumbo de las personas, implantaría el derecho y la justicia, trabajaría con energía para liberar a los cautivos y abriría los ojos a quienes, sin ser ciegos, vivían ofuscados por culpa de los mensajes equivocados que recibían del entorno… ¿Jesús?

También les aconsejaba actuar sin dudar y dando remedios que permitieran encauzar los cambios sociales que se necesitaban y que, al hacerlo mostraran un comportamiento exquisito.

Después, Juan nos muestra la postura de una persona responsable al negar a Jesús el bautismo porque le reconoce su condición divina y considera que debe ser él quien debe ser bautizado por quien lo pide y, como no, la de Jesús. Él le rechaza a Juan su propuesta porque, como hombre que era, acató el modelo que impartía y Él debía recibirlo para que se manifestara el Espíritu Santo, se completara el acto y quedara implantado el modelo bautismal definitivo.  

Pedro nos recuerda que para el Señor todos somos iguales, seamos de donde seamos, si respetamos sus normas y si practicamos la justicia y la verdad. Lo hace proponiendo a Jesús como ejemplo: Ayudó a todos y a pesar de ello no lo reconocieron pero el Padre siempre estuvo a su lado.

Esta realidad nos debe servir para comprender su grandeza y empezar a cambiar nuestro comportamiento.

Jesús eligió qué bautismo deseaba recibir y lo pidió pero yo no recuerdo haberlo hecho así… ¿Y tú?

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