sábado, 21 de marzo de 2026

LA MUERTE…

 

Colaboración de Paco Pérez

¿FINAL O COMIENZO?

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: EZEQUIEL 37, 12-14

Así dice el Señor:

-Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor.

Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.

Oráculo del Señor.

SALMO RESPONSORIAL: SAL 129

R. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. R.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R.

2ª LECTURA: ROMANOS 8, 8-11

Hermanos:

Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis

sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el

espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

EVANGELIO: JUAN 11, 1-45

En aquel tiempo un cierto Lázaro de Betania, la aldea de Marta y de María, su hermana, había caído enfermo. (María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro). Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: Señor, tu amigo, está enfermo.

Jesús, al oírlo dijo: esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús  amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.

Solo entonces dice a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea. Los discípulos le replican: Maestro hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?

Jesús contestó: ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.

Dicho esto, añadió: Lázaro, nuestro amigo está dormido: voy a despertarlo. Entonces le dijeron sus discípulos: Señor, si duerme, se salvará. Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.

Entonces Jesús le replicó claramente: Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hallamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa. Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: Vamos también nosotros y muramos con él.

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania dista poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y María, para darles el pésame por su hermano.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le dice: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mi aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

¿Crees esto?

Ella le contestó: Si, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: El Maestro está ahí y te llama.

Apenas lo oyó, se levantó y salió a donde estaba él: porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado.

Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía de prisa, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.

Jesús viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y muy conmovido preguntó: ¿Dónde lo habéis enterrado? Le contestaron: Señor, ven a verlo. Jesús se echó a llorar.

Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!

Pero algunos dijeron: Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera este?

Jesús sollozando de nuevo llegó a la tumba. (Era una cavidad cubierta con una losa).

Dijo Jesús: Quitad la losa.

Marta, la hermana del muerto le dijo: Señor, ya huele mal porque ya lleva cuatro días.

Jesús le dijo: ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa. Jesús levantando los ojos a lo alto y dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.

Y dicho esto, gritó con voz potente: ¡Lázaro, ven afuera!»

El muerto salió, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario.

Jesús les dijo: Desatadlo y dejadlo andar.

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

REFLEXIÓN:

Ezequiel comunicó al pueblo cautivo en Babilonia que el Señor nunca los abandonaría a su suerte sino que les ayudaría a recuperar la libertad perdida pues, cuando promete algo, siempre lo cumple. Al hacerlo empleó un lenguaje simbólico, eran difuntos vivos que, estando enterrados en la tumba de la cautividad, los liberaría y regresarían a Israel.
Hoy, las palabras de Ezequiel cobran vigencia porque las guerras, los terremotos, las inundaciones, las crisis económicas… También están ocasionando destrucción, muerte, sufrimiento y desplazamientos humanos, otras formas de esclavitud que también empujan a las personas a sentirse abandonadas por Él.
Pasaron los años, vino Jesús y aún no conocían a Dios pero, con la muerte y resurrección de Lázaro, nos regaló unas enseñanzas magistrales sobre la amistad, el deber de arriesgar la vida en determinados momentos para ayudar a otros, la importancia que tiene decir y después hacer, como se muestra Dios en los actos de la vida para abrirnos los ojos sobre la verdad de su misterio…

Nosotros solemos decir a diario que tenemos muchos amigos porque nos juntamos con otros para divertirnos pero, cuando aparecen los problemas… ¿Nos sentimos respaldados por todos o sólo por unos pocos?

Jesús, como sí lo era, regresó para ayudar a sus amigos aunque sabía que arriesgaba la vida. Con la acción de resucitar a Lázaro, quienes aún no habían comprendido cómo actúa Dios, cambiaron… ¿Por qué?

Es posible que, si hubiera curado a Lázaro de inmediato, algunas personas creyeran y otras no -recordemos la curación del ciego-, pero al devolverle la vida después de estar enterrado –por la cultura del lugar- se hizo más creíble que Jesús era Hijo de Dios y, al haber testigos, su presencia en lo que hizo Jesús no ofreció dudas.

Pablo nos presenta dos propuestas que conducen a comportamientos y destinos diferentes. Una nos habla del espíritu, el conjunto de normas que nos muestra el Señor para vivir siguiendo sus planteamientos en la familia y en la sociedad. La otra nos habla de la carne, los actos humanos que son opuestos a la voluntad del Señor. 

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