Colaboración de Paco Pérez
EL AGUA QUE CALMA LA SED
TEXTOS, para
meditarlos:
1ª LECTURA: Éxodo 17,3-7
SALMO
RESPONSORIAL: 94
R. Ojala escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis
vuestro corazón.»
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.
Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador
nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él
guía. R.
Ojala escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en
Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron
a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R.
2ª LECTURA: Romanos 5,
1-2.58
EVANGELIO: Juan 4,5.42
En aquel tiempo llegó
Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su
hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba
sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria
a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al
pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (Porque
los judíos no se tratan con los samaritanos.)
Jesús le contestó: «Si
conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú,
y él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor,
si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú
más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus
hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó: «El que
bebe de esta agua, vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le
daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él
en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»
La mujer le dice: «Señor,
dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a
sacarla.»
Jesús le dice: «Vete,
llama a tu marido y vuelve acá.» La mujer le contesta: "No tengo
marido". Jesús le dice: "Tienes razón que no tienes marido: has
tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la
verdad".
La mujer le dice: "Señor
veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y
vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén".
Jesús le dice:
"Créeme mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén
daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros
adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se
acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran
dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre
desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben
hacerlo en espíritu y verdad".
La mujer le dice: "Sé
que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo".
Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo".
En esto llegaron sus
discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque
ninguno le dijo: "¿Que le preguntas o de que le hablas?".
La mujer entonces dejó su
cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Venid a ver un hombre que me
ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?" Salieron del pueblo
y se pusieron en camino hasta donde estaba él.
Mientras tanto sus
discípulos le insistían: "Maestro, come".
El les dijo: "Yo
tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis".
Los discípulos comentaban
entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?"
Jesús les dice: "Mi
alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No
decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo
esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que ya están dorados para la
siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida
eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón
el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que otros no
habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores"
En aquel pueblo muchos
samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me
ha dicho todo lo que he hecho". Así, cuando llegaron a verlo los
samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
Todavía creyeron mucho más
por su predicación, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú
dices: nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es en verdad el salvador
del mundo"
REFLEXIÓN:
En el
desierto la vida es dura y esa realidad hizo que el pueblo protestara a Moisés
y ofendiera al Señor al dudar que estuviera a su lado.
Moisés
transmitió al Señor las quejas recibidas, Él les dio la solución y, al
aplicarla, les demostró que las situaciones adversas que, a veces, padecemos
son pruebas que debemos superar abordando el problema de frente y nunca dándole
la espalda con protestas. Trabajar para mejorar lo que tenemos sí ayuda pero
llorar no.
El
encuentro de Jesús con la samaritana lo enseña… ¿Cómo?
Con su comportamiento
perfecto con las personas, aunque no tuvieran buenas relaciones. A ella,
samaritana, le sorprendió que un judío le pidiera ayuda pero Él apartó el
problema y le afirmó, sin asperezas, que si ella le pidiera ayuda se la daría y
que, además, sería de más relevancia que la que Él le había pedido.
Ella,
por la respuesta recibida, comprendió que era alguien diferente, pensó que posiblemente
fuera el Mesías anunciado y, dejándolo todo, se marchó para dar la noticia. Los
samaritanos -al escucharla- acudieron, quedaron impresionados con sus enseñanzas
y pidieron a Jesús que se quedara con ellos. Él aceptó, permaneció
evangelizando dos días y dio frutos abundantes pues si al principio acudieron
por la noticia de la señora cuando lo escucharon ya no tuvieron dudas de quién
era.
Las
personas aspiramos a ser acogidos por Dios al concluir nuestra etapa terrenal y,
a veces, nos preguntamos… ¿Lo estamos haciendo bien o mal?
Pablo
enseñó, para ayudarnos, que Jesús nos justificó por la fe ante Dios y ahora lo que debemos hacer es no perder la
esperanza de ser acogidos… ¿Por qué?
Porque
nos regaló la noticia de poder estar junto al Padre porque su amor fue
derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos regaló cuando Jesús murió por
nosotros. No obstante... ¿Estamos liberados de toda responsabilidad ya?
Jesús nos
allanó el camino pero nosotros debemos recorrerlo cumpliendo sus propuestas.
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