jueves, 12 de febrero de 2026

CUMPLIR LA LEY

                                           Colaboración de Paco Pérez

UN DEBER PARA TODOS

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: ECLESIÁSTICO 15, 16-21

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos.

SALMO RESPONSORIAL: 118

R. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. R.

Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas. R.

Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu voluntad. R.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. R.

2ª LECTURA: CORINTIOS 2, 6-10

Hermanos: Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.
Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.
Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.»
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

EVANGELIO: MATEO 5, 17-37

- «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado.
Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil', tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.

Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.
Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno.
Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.

Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. "
Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

REFLEXIÓN:

Dios, con la Ley, nos reguló la vida para guiarnos y no para confundirnos pero nosotros, a veces, empleando nuestra libertad la deformamos para conseguir nuestros objetivos y por eso, cumplirla o no, es responsabilidad individual y no sirve culpar a otras personas o a Dios de nuestros errores, ocurre cuando tenemos poca fe.

A veces, viajando, la carretera se nos bifurca y no elegimos la ruta correcta si no estamos atentos pero respondemos con responsabilidad si reconocemos nuestro error y no culpamos a quienes pusieron las señalizaciones. Dios desea que seamos así y el Salmo lo confirma: [Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.].

Jesús propuso el cumplimiento de la Ley, lo hizo para que no tuvieran dudas sobre su vigencia eterna y para evitar que, al interpretarla, modificaran el contenido y la acomodaran a sus objetivos pero no lo entendieron… ¿Por qué?

Porque ellos la practicaban con rigidez y Él -con flexibilidad, comprensión y amor- daba prioridad a lo esencial y por eso no lo entendían.

Reguló el comportamiento en la convivencia familiar recomendando evitar el daño que hace el egoísmo cuando aparece, aconsejaba dialogar mucho para buscar el entendimiento, el camino para alcanzar esa reconciliación fraternal que es tan necesaria para pedirle al Padre su ayuda… ¿Deberíamos acercarnos a Él sin practicar sus consejos?

A los esposos le recomendó la unión matrimonial permanente para que la relación no se rompa por motivos superficiales y que, si se divorciaban, no olvidaran que quedarían expuestos a la tentación y al pecado.
Matar también está prohibido pero sólo nos hacemos eco cuando ocurre una muerte física y nos alarmamos poco o nada cuando se mata con la lengua o la injusticia la dignidad, el honor o la libertad de las personas.
No se olvidó de comentar lo proclives que somos a realizar “juramentos” y “votos” cuando pedimos algo y así comprometernos a cumplir lo prometido pero Él aconsejó que sólo debemos decir “sí” o “no”.

Pablo muestra la grandeza de Dios elevando su sabiduría hasta un punto inigualable y no entendible porque es misteriosa, está escondida y fue predestinada desde el principio para nuestra gloria.
Nadie la ha conocido porque de lo contrario no hubieran crucificado a Jesús y no podemos afirmar o negar algo sobre lo que nos espera al final de nuestra estancia aquí.


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