Colaboración de José Martínez Ramírez
I
Aquí, todo el que entra
se
toma un taponazo
de
anís, no de absenta
y
con los ojos cerrados.
Mirando
al cielo, se centra
sin
que se le tuerza el brazo,
mientras,
todos aprueban
con
un sí, al nuevo invitado.


