sábado, 12 de junio de 2021

LAS PARÁBOLAS

 Colaboración de Paco Pérez

EL MÉTODO DE JESÚS PARA ENSEÑAR

Las personas, para Dios, siempre estamos en el centro de la Creación pero nos empeñamos en no ver cómo nos ayuda en cada momento de la historia.
En el año 588 a.C., aproximadamente, Ezequiel comunicó al pueblo de Israel que estaba cautivo en Babilonia que las noticias que les habían llegado llenas de esperanza sobre la posible alianza del rey Sedecías, rey de Judá, con Egipto eran falsas porque no era el rey legítimo del pueblo elegido, no habría alianza entre ambos y de Egipto no les vendría la salvación.
El profeta no los engañó porque la vuelta a Israel se realizó en el 537 a.C. cuando el rey de Persia, Ciro el Grande, destruyó el imperio babilonio y los cautivos regresaron 51 años después de haberles transmitido en aquel oráculo de esperanza que la liberación les vendría de la dinastía de David, en referencia clara a Jesús pero la que Él les ofrecería sería una liberación de la esclavitud del pecado y no de la esclavitud del dolor físico que ellos padecían por la ausencia de libertad que tanto añoraban recuperar para regresar a Israel. Para corroborar la verdad de sus palabras el profeta les habló de la soberanía del Señor, el que tiene poder para hacer y deshacer en todo porque nada le es imposible.
Con las “parábolasJesús conseguía que sus enseñanzas fueran entendidas por quienes lo escuchaban. En esta ocasión empleó en sus comparaciones dos ejemplos del mundo agrícola y con ellas les enseñó qué debían hacer para caminar con acierto en su etapa terrenal. Les recordó lo que hacían al sembrar y los procesos ocultos e invisibles que después ocurrían en las semillas de manera natural y sin que la mano del hombre interviniera. Al hacerlo les comparó la palabra con la semilla al decirles que ésta debía ser depositada en las personas, como la semilla en la tierra; después había que esperar un tiempo para que pudiera desarrollarse la espiritualidad en las personas y después confiar en que más adelante diera buenos frutos, las obras.
El sembrado de las semillas necesita espera y cuidados pero los cristianos-católicos tenemos un grave problema, no nos fijamos en los ejemplos que nos dejó Jesús para guiarnos en nuestro caminar terrenal y de ahí que las prisas sean el motor impulsor de la labor eclesial. No respetamos los pasos del proceso lógico después de ser divulgada la palabra y, como no tenemos espera, los frutos no son después los adecuados… ¿Nace la nueva planta con robustez cuando sembramos sin respetar lo que favorece su desarrollo?
Por estas realidades me he preguntado muchas veces… ¿Seguimos el ejemplo que nos dio Jesús sobre la edad adecuada para que las personas reciban el Bautismo?
Considero que primero deberíamos llegar al conocimiento de Jesús mediante la lectura de la Biblia y después, con el paso de los años, si esta siembra se ha hecho bien y da buenos frutos pues lo lógico es que con la madurez la persona pida, de manera voluntaria, entrar a formar parte de la comunidad cristiana.
Después apareció Pablo en su acción misionera predicando con fuerza como fruto de su transformación pues era consciente de la vida poco recomendable que llevó en el pasado y de la lucha que cada día libraba con el mal para no retroceder, partiendo de ahí alzó la voz para decirles que si las personas tenemos esa lucha es porque vivimos a diario dentro de unos cuerpos que están esclavizados mientras caminan sin sentido aquí pero que debemos seguir haciéndolo así empujados por la confianza que nos da saber que el Señor nos acogerá. Esto nos ocurre si la fe que tenemos nos empuja a seguir levantándonos cada vez que caemos porque sabemos que la verdadera liberación sólo está junto a Él pero antes deberemos hacer cosas buenas porque más adelante iremos a su presencia y entonces valorará lo que hemos hecho aquí.
 

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