miércoles, 16 de junio de 2021

NUESTRA MEMORIA HISTÓRICA

 Colaboración de Paco Pérez

LAS PEÑAS VILLARGORDEÑAS Y SUS PERSONAJES

Capítulo I

[El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla]. Se desconoce quién fue su autor pero lo cierto es que, al escribirla o comunicarla, se anticipó a los acontecimientos futuros y con ella nos demostró que conocía la insensatez de las personas muy bien.
Camille Sée también escribió en esa línea: [Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan.].
Planteo este comienzo porque en España está de moda olvidar estos mensajes que fueron avisos a los navegantes y todo porque a nuestros políticos progresistas les ocurre como a los habitantes de esos pueblos que todavía viven guiados por sus costumbres ancestrales en medio de cualquier selva, yo no he estado allí para comprobarlo pero algo sí he leído algo de lo que está publicado, ellos no conservan las vivencias del día a día y por esta realidad son incapaces de progresar a otra situación diferente y mejor, es decir, mantienen un “comportamiento infantil”… ¿Por qué?
Porque a los “encargado” de orientar la vida colectiva de las “tribus” les ocurre como a nuestros dirigentes políticos, sólo están pendientes de cambiar la realidad de la historia, o los hechos de cada día, para así anestesiar a la militancia con las versiones distorsionadas que en cada momento más favorecen a quienes mandan sus destinos, en este caso los de España o las periferias separatistas… ¡Y así nos va de bien con ellos, eeea!
Siguiendo esta filosofía inculta y rastrera enaltecen por intereses personales a ciertos personajes de su cuerda ideológica cuando los únicos méritos que presentan en su “Currículum vitae” son aquellos que guardan relación con la extorsión, el robo, el secuestro, el asesinato, el “golpe de Estado” para la ruptura de la “UNIDAD NACIONAL”, el no arrepentimiento… Estos hechos fueron investigados en su día por los Cuerpos de Seguridad del Estado y después juzgados, condenados y encarcelados por sus delitos pero ahora están siendo tratados como héroes pues reciben beneficios penitenciaros y homenajes populares. No contentos con lo concedido piden más y las autoridades se olvidan de las víctimas de sus atentados mediante el arrinconamiento y la humillación… ¡Vivir para ver cómo este dichoso mundo camina al revés!
Por todos estos desmanes manifiesto que es una barbaridad lo que nos están haciendo y por eso digo… ¡Basta ya de mentiras y comportamientos interesados que sólo están sirviendo para destruir la unidad nacional y dañando los sentimientos de las personas honestas y sensatas!
Empujado por estas injusticias me sentí feliz de haber nacido en Villargordo, de haber convivido con personas de distintas ideologías pero todas muy sencillas y buenas y, ante estas realidades me dije:
- Si se hacen homenajes a estos personajes que tienen una historia que sólo merece ser enterrada y olvidada… ¿Por qué no recordamos más en cada pueblo a los personajes locales que, con sus debilidades y ocurrencias, alegraron la convivencia?
Dedicado a quienes, de manera sencilla, consiguieron que en nuestro pueblo ésta fuera sana… ¡Va por todos, los ausentes y los que aún viven!
Aquí, como en todos los pueblos y ciudades, es normal que las personas se reúnan con otras en algún lugar de manera ocasional o frecuente empujadas por esa tendencia natural que tenemos a la socialización y, cómo no, porque es una necesidad. Quienes actúan así, después de un tiempo, lo que empieza sin compromiso acaba con atadura y entonces nacen los grupos humanos… ¿Por qué suele ocurrir?  
Hay razones naturales que los originan: La edad, la afición o la práctica de un deporte, vivir en el mismo barrio, la profesión… Podríamos seguir escudriñando y entonces encontraríamos en cualquier lugar que, además, hay otros factores que también nos llevan a formar esas piñas humanas.
Haciendo esa labor de investigación comprobamos que en el pasado, durante muchos años, la “liguera” del mediodía o de la noche fue el elemento de cohesión más determinante que hubo para formar esos colectivos pues los mayores, al acabarse la jornada laboral, tenían pocas oportunidades para pasar el tiempo con agrado y por eso se reunían, según donde vivían, en las esquinas de “Teléfonos”, “El Ratón” y “Jiménez” o en “El Paseo”. Comenzaban charlando y acababan reunidos alrededor de una mesa para compartir una botella de vino, normalmente bebían blanco. En ese rato, poco a poco y después de unos lengüetazos al vaso, iba apareciendo el ingenio de los reunidos, el espíritu se relajaba con las bromas que se daban y las risas se escuchaban desde lejos.
Con características de distinta índole se formaron muchas peñas pero todas no fueron “bautizadas” por los paisanos y por esa razón sólo recordaré a las que sí lo fueron. En esa línea, aunque con estilos particulares y en épocas distintas, recordaremos a:
1.- “Los camioneros”.
Integrada por dos inseparables amigos, Lorenzo Jiménez El del Estanco” y Santiago MartosSantiagorro”, estos señores cumplían cada día con este principio: [A las doce, el que no ha probado el vino, el diablo se lo lleva.]. Lorenzo era prudente, poco hablador y silencioso mientras que Santiago era ocurrente, dicharachero, muy exagerado, hablador y gracioso.
Un día visité el Bar Recreo” con José Mateos GarcíaEl Ciego”, ellos ya estaban sentados haciendo la liguera y los saludamos. Santiago llamó a José:
- Pepe, ven un momento.
José se acercó hasta ellos y entonces comprobó que deseaba invitarlo a tomar un trago, aceptó y regresó con una risa contenida, le pregunté qué había ocurrido y me dijo que después del vino le había dado, de tapa, un trozo de pimiento verde crudo y una uva.
Un rato después Santiago le repitió la llamada y José le dijo en tono socarrón:
- Santiaaago… ¡No quiero tomar más tapas de verdííín, que me vas a escagarruzaaar!
Nos reímos mucho con la expresión de José y Santiago le prometió darle otra tapa diferente, él se fio de sus palabras, acudió y en esta ocasión ya le dio un trozo de chorizo casero.
Los ocurrentes Lorenzo y Santiago se marchaban a casa en cuanto acababan con la botella y las tapas pues tomaban, además de las del bar, las que llevaban ellos de casa y éstas eran sumamente originales: Pimientos verdes crudos, cebolletas, rábanos, uvas, tocino más blanco que las camisetas del Real Madrid o tan amarillo por rancio, como las del Villarreal, chorizo casero...
En una ocasión pregunté por el origen de ese apodo y alguien me dijo que se debía al hecho de ser dos los conductores que siempre iban en los camiones que hacían recorridos largos para así poder relevarse al volante.
Muchos años después se bautizó oficialmente otra peña vinatera, ésta era mucho más numerosa pero no mantenía en la plantilla la misma estabilidad que la anterior debido a que algunos de sus componentes no acudían a diario al encuentro del “botellón”. Lo que sí mantenía ésta con esmero era el cumplir fielmente con el principio básico de destapar la botella a las doce para llenar los vasos y saborear el primer trago pero, como eran más jóvenes, les gustaba comenzar aclarando la garganta con una fresca cerveza.
Los componentes tenían algo muy bueno y poco común, nunca alargaban la “liguera” para tomarse en la barra la espuela, ellos salían por la puerta del lugar de reunión a las 14:00 horas en punto. Esta realidad hacía que, al salir yo del trabajo a la misma hora, muchos días coincidiéramos y nos bajáramos charlando hasta la “esquina de Jiménez” y allí cada mochuelo se iba para su nido. Un día reparé en la coincidencia horaria de nuestras salidas y les dije esta ocurrencia espontánea:
- ¡Madre mía, sois más puntuales que “El tren de las dos”!
Así fue como quedó bautizada esta numerosa peña y ahora ya no es lo que era entonces pues los fallecimientos, la edad y la salud los ha dispersado… ¡Sólo quedan vivos TRES miembros!
En cambio, el vino no tuvo nada que ver en la formación de las peñasEl cartón”, “El Ruedo” o “El Sombrero” pero eso no quiere decir que sus componentes no lo probaran.
A la primera, el nombre le viene porque la edad de sus componentes era, y es, muy avanzada, el punto de reunión lo tienen en los bancos metálicos de “El Paseo” y sus miembros, para evitar en invierno el frío o en el verano el calor que éstos regalan, antes de llegar a él se paran en el contenedor del papel y ya van a la reunión con el “cartón” en la mano. En este grupo, el elemento aglutinador es “salir de casa y pasar la mañana distraídos con quienes se acercan hasta ellos al pasar por el lugar o recordando anécdotas del pasado”.
La segunda se formó porque se reunían en cualquiera de nuestros bares o cafeterías atraídos por su gran afición a los toros, ahí veían juntos las corridas que televisaban y comentaban las incidencias”, a ellos no los reunía un torero determinado sino el duende del arte que en ellas se vive.
En nuestro pueblo siempre hubo mucha afición a los toros pero la aparición de “El Cordobés” consiguió que fuera enorme, implicando a los jóvenes y a los mayores. Viviendo en ese fervor torero, una calurosa noche de verano, PedroEl cojo de la Ladera” (tío de MiguelitoEl de los huertos”), AntonioBotana” y otros cuantos más hablaron de toros y, un poco piñones, decidieron caminar hasta los cercados de toros que había en el cortijo de “La Vega” para probar de maletillas. Antes de salir la cuadrilla quedó organizada así: Pedro, el mayor del grupo, actuaría de apoderado, Botana de maestro y los otros serían los peones.
Recorrieron a pie los kilómetros que había de distancia hasta el cortijo y, una vez allí, comenzaron a observar los animales para que el apoderado decidiera qué toro era el que mejor se acomodaba al maestro Botana. Una vez decidido, saltó la cuadrilla la empalizada, Pedro observaba desde fuera y, unos momentos después, ya comprobaba que los valientes que decían ser en la “liguera” ahora no eran capaces de alejarse dos pasos de la cerca, él los animaba y les daba instrucciones pero, cuando observó que el maestro Botana estaba más asustado que los peones y viceversa, exclamó con coraje y le dijo:
- ¡Botanaaa, no seas tan maricóóón, acércate al toro y arrímate a él si quieres tener fama algún día!
Se pasó un buen rato dándoles voces y, cuando comprobó que daban más pasos para atrás que para adelante, les dijo:
- ¡Vámonos que se pasa la noche y mañana hay que trabajar! ¿Así queréis ser toreros?
La última peña es la más reciente y el único elemento común que tienen es el gusto o la necesidad de vestir en invierno o verano con un “sombrero” para proteger la cabeza de los rigores extremos que padecemos durante esas estaciones. Ésta es la última que ha recibido el agua del Guadalbullón antes de ser inscrita en el libro de “Peñas Locales”.
 
 

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