sábado, 18 de abril de 2026

EL CAMINO

 

Colaboración de Paco Pérez

CAMBIO Y COMPROMISO

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: HECHOS 2, 14. 22-23

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra:

- «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice:

- "Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada.

Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia."

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que (no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción", hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.»

SALMO RESPONSORIAL: 15

R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.

2ª LECTURA: 1ª PEDRO 1, 17-21  

Queridos hermanos:

Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida.

Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.

Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

EVANGELIO: LUCAS 24,13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?” Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?”

Él les preguntó:

- “¿Qué?”

Ellos le contestaron:

- “Lo de Jesús el nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.

Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron”.

Entonces Jesús les dijo:

- “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas!

¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?”

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. Y entró para quedarse con ellos.

Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se le abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron:

- “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”.

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

- “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

REFLEXIÓN:

Las personas no viajamos impulsadas por los mismos motivos sino por razones diversas: Para descansar, encontrar trabajo y tener un nivel de vida mejor, huyendo del lugar habitual por temor a perder la vida... En esta última situación encajarían los discípulos que caminaban de Jerusalén a Emaús.

Caminando se encontraron con Jesús, conversaron y Él se comportó con ellos como un hombre normal que se diferenciaba del resto en lo que decía. Les impresionó que conociera las Escrituras, que les recordara lo que decían de ese anhelado liberador con tanta precisión y, como tenían que separarse y Él continuar, lo invitaron a pasar la noche con ellos. En la cena, por cómo realizó el acto de partir el pan, lo reconocieron, desapareció y quedaron tan impactados que decidieron regresar a Jerusalén para comunicar lo ocurrido y afirmar que la resurrección de Jesús era verdadera.

Pedro reprochó al pueblo lo que habían hecho a Jesús, el hombre que Dios envió para que, con sus obras y prodigios, nos ayudara y así confirmara su condición divina. No obstante, a pesar de todo lo bueno que hizo, fue entregado a las autoridades y éstas lo condenaron y crucificaron pero el Padre lo resucitó.

El apóstol les recordó que Dios comunicó al rey David que no permitiría que sufriera los efectos de la muerte quién se sentaría en su trono. Así anunció quién era Jesús, sus orígenes familiares, y que resucitaría.

También recordó que, con su muerte nos rescató, que fue un pago cruento y que esa realidad nos debe empujar a caminar con rectitud en la vida porque al final seremos juzgados por el Padre y que será bueno no olvidarlo para evitar que seamos condenados.

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