sábado, 11 de abril de 2026

MUERTE Y OFUSCACIÓN

 

Colaboración de Paco Pérez

RESURRECCIÓN Y CAMBIO

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2, 42-47

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.  

Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

SALMO RESPONSORIAL: 117

R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. 

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. R.

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos. R. 

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

2ª LECTURA: SAN PEDRO 1, 3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo.  

No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

EVANGELIO: SAN JUAN 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 

Jesús repitió:

- «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»   

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor».  Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, se puso en medio y dijo:

- «Paz con vosotros.»

Luego dijo a Tomás:

- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:

- «Señor mío y Dios mío.»

Jesús le dijo:

- «Porque me has visto has creído. Dichosos los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

REFLEXIÓN:

La muerte de Jesús ofuscó a los apóstoles y seguidores porque, al tener miedo de perder la vida, huyeron a otros lugares más seguros pero, cuando recibieron la noticia de que había resucitado, regresaron y ya eran otros diferentes.

Estando escondidos, Jesús se presentó y así les confirmó que había resucitado pero, a pesar de esa prueba irrefutable, la incredulidad apareció en Tomás porque no estaba allí en ese momento pero Jesús, en otro encuentro, le derribó la barrera de su actitud mostrándole las heridas y pidiéndole que las tocara; fue un gesto de perdón, ayuda y proclamación de su doble condición de Hijo de Dios y hombre.

Lo ocurrido les hizo no tener miedo, salieron al exterior y comunicaron a quienes acudían lo que habían presenciado y aprendido, unos permanecían a su lado, oraban y compartían, pero otros se alejaban. La prueba de su cambio estuvo en el giro que dieron a sus vidas, éste fue tan grande que atraían a las personas porque lo que decían y los prodigios que hacían sólo eran entendibles si Dios estaba con ellos. Se formaron comunidades y, a diario, acudían al Templo a orar, en las casas celebraban la fracción del pan, comían juntos, el pueblo los respetaba y poco a poco la comunidad cristiana fue aumentando.

El camino de la salvación no es fácil pero si confiamos en el Señor el tránsito se sobrelleva mejor y acaba en éxito. Jesús confió en el Padre, sufrió y fue recompensado.

El ejemplo de Tomás empuja a pensar que lo grave no es equivocarse sino persistir en el error y no modificar el mal comportamiento. El gesto de Jesús con Tomás enseña que ayuda a quienes lo necesitan y que nos está esperando para abrazarnos. Su ejemplo también nos prueba que el premio verdadero está arriba y que los éxitos terrenales sólo son ejemplo de lo perecedero, lo que no vale.

El Salmo nos lo deja claro, seguir a Jesús es la piedra angular del proyecto de Dios para las personas… ¿Es nuestro modelo? ¿Lo seguimos?

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