sábado, 4 de abril de 2026

JESÚS ANUNCIA

 

Colaboración de Paco Pérez

NOSOTROS NECESITAMOS TOCAR

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: HECHOS 10, 34A. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

- Hermanos: Vosotros conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

SALMO RESPONSORIAL: 117

R. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R.

2ª LECTURA: COLOSENSES 3, 1-4

Hermanos:

Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

EVANGELIO: JUAN 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:

- Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. 

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

REFLEXIÓN:

Muchas personas olvidan pronto el bien que otras les hacen y, partiendo de esa evidencia, es posible que asimilemos o no lo que Pedro nos recuerda sobre Jesús: Pasó haciendo el bien a todos y jamás hizo daño a nadie pero, a pesar de ello, algunas contribuyeron a que fuera crucificado, muchas lo abandonaron y sólo unos pocas lo acompañaron hasta el final.

Una de ellas fue María Magdalena y, además, acudió al sepulcro la primera, comprobó que la piedra había sido movida y corrió para comunicar a Pedro y Juan lo sucedido porque dedujo que Jesús no estaba allí.

Ellos acudieron, entraron, vieron abandonadas las telas con las que envolvieron su cuerpo y comprobaron que la noticia era cierta… ¡No estaba en el sepulcro!

Esas telas despejaron las dudas que tuvieron sobre lo ocurrido, por ellas supieron que no habían robado o trasladado el cuerpo... ¿Por qué? 

Porque les hicieron recordar lo anunciado con anterioridad: […que Él había de resucitar de entre los muertos.].

Este hecho les hizo ver la realidad de lo sucedido, la fe se instaló en ellos, ya no tuvieron dudas y comenzaron a dar testimonio… ¿Las tenemos nosotros o las hemos despejado? ¿Damos testimonio de lo que Él decía y hacía? ¿Tenemos un comportamiento correcto o nos limitamos a pasar de largo junto a los problemas ajenos esperando que otros los resuelvan? 

Pablo comenta lo que Cristo nos regaló con su muerte y resurrección, poder estar con Él junto al Padre. Esta realidad debe ser la meta a la que debemos aspirar y, empujados por ese sentimiento, reflexionar sobre el camino que debemos seguir, elegir entre vivir haciendo el bien o abrazarnos a la ambición por lo terrenal para poseer una materialidad abundante… ¿Tiene sentido vivir cometiendo abusos mientras acumulamos si al morir nos iremos con las manos vacías y perderemos la oportunidad de estar junto a Él?

No, porque estos logros siempre se alcanzan a costa del sufrimiento de muchos, los que no tienen nada.

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