Colaboración de Paco Pérez
MANIFESTACIÓN DEL AMOR DE DIOS
TEXTOS, para meditarlos:
1ª LECTURA: ÉXODO 34, 4B-6.8-9
Bendito eres en el templo de tu santa gloria. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
2ª LECTURA: 2 CORINTIOS 13, 11-13
EVANGELIO: JUAN
3, 16-18
Tanto
amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de
los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque
Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se
salve por él.
El
que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha
creído en el nombre del Hijo único de Dios.
REFLEXIÓN:
Es difícil entender los misterios, éste los es, pero
las reflexiones de los expertos ayudan a quienes desean avanzar en su comprensión.
Puede que este misterio sea la culminación del plan
que Dios estableció para que las personas se relacionaran en su entorno y que
el amor fuera el elemento impulsor pero lo fue mostrando poco a poco… ¿Por qué?
Porque no sería aconsejable presentarse de pronto
diciendo quién era, lo que debían hacer y qué les esperaba al final del camino
terrenal.
Tal vez comenzara a mostrarse con los fenómenos
meteorológicos pero -al ir acompañados de efectos sonoros, luminosos y
pluviométricos- éstos hicieron creer a los primeros pobladores que arriba había
un ser con un poder grande y que decidía sobre ellos. Al pensar así, el Padre
entró en sus vidas sin mostrarse y ellos -de manera equivocada– lo tomaron como
un ser castigador… ¿Ha mejorado esa percepción o seguimos anclados a ese error?
Pasaron los años, ese concepto equivocado tenía que
ser modificado de manera correcta y nos envió a Jesús, su Hijo. Él nos mostró
al Padre con delicadeza porque no es lo mismo decir con violencia cómo se deben
hacer las cosas que hacerlas de manera práctica y con amor, así lo hacía Él.
Entonces… ¿Por qué lo crucificaron si su propuesta era sencilla y fácil de
entender?
Porque los egoístas de aquellos tiempos, cuando
comprueban que sus prácticas y propuestas son contrarias a la actuación que los
encumbró, se enfrentaron a ellas con la mentira y el terror para que no les
derrumbara el castillo que se habían construido con procedimientos inhumanos
para vivir en la opulencia.
Después, antes de ascender, Jesús nos regaló el
Espíritu Santo para que su acción invisible ayudara a quienes creyeran en lo
ocurrido confiaran en Él y, empujados por la fe, se comportaran de manera
correcta sabiendo que el Padre nos ama.
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