Colaboración de Paco Pérez
¿Y EL NUESTRO?
TEXTOS, para
meditarlos:
1ª LECTURA: HECHOS
6, 1-17
En
aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se
quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no
atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les
dijeron:
-
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la
administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de
buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta
tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»
La
propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y
de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás,
prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les
impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
SALMO
RESPONSORIAL: 32
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos
de ti.
Aclamad, justos, al Señor, que merece la
alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en Tu honor
el arpa de diez cuerdas. R.
La
palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la
justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
Los
ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su
misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
R.
2ª LECTURA: 1 PEDRO 2, 4-9
Queridos
hermanos:
Acercándoos
al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa
ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del
templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios
espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Dice
la Escritura:
«Yo
coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no
quedará defraudado.»
Para
vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la
«piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra
angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al
no creer en la palabra: ése es su destino.
Vosotros
sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo
adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la
tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
EVANGELIO: JUAN
14, 1-12
Dijo
Jesús a sus discípulos:
-
«No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi
Padre hay muchas estancias, si no os lo habría dicho, y me voy a prepararos un
sitio.
Cuando
vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde esté yo
estéis también vosotros. Y donde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás
le dice:
-
«Señor, no sabemos dónde vas, ¿cómo podremos saber el camino?» Jesús le
responde: «Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por
mí.
Si
me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora lo conocéis y lo
habéis visto.»
Le
dice Felipe:
-
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús
le replica:
-
«Hace tanto que estoy con vosotros ¿y no me conoces Felipe? Quien me ha visto a
mí, ha visto a mi Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No
crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Lo que yo os digo, no lo
hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en Mí, él mismo hace las
obras.
Creedme:
yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no, creed a las obras. Os lo
aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún
mayores. Porque yo me voy al Padre.
REFLEXIÓN:
Jesús les enseñaba el camino
del Reino dándoles de comer, curando al enfermo, levantando al caído, consolando
al triste… Lo hacía con naturalidad y quienes lo presenciaban no comprendían lo
que deseaba enseñarles.
Hablando
con los discípulos le mostraron sus dudas y Él, como aún no tenían claro quién
era, le preguntó
a Felipe… ¿Todavía no me conoces?
Hoy, deberíamos preguntarnos…
¿Lo conocemos nosotros?
Pedro,
cuando comprendió lo que le pedía, cambió y proclamó sin miedo que Jesús vino
para ser la piedra sobre la que se edificó el edificio del pueblo de Dios, del que
somos miembros y debemos trabajar con responsabilidad para darle continuidad a
su obra, sin olvidarnos de ayudar a quienes estén agobiados y que Él es el
sostén de todo porque es el muro indestructible en el que se estrellan los que
intentan derribarlo.
Con la
predicación de los discípulos creció el número de seguidores, incluso de otros
lugares y culturas, aparecieron diferentes formas de entender la predicación y el
funcionamiento del grupo, tuvieron enfrentamientos con el judaísmo y se reunieron
para dar respuesta a la problemática. Los doce acordaron que lo importante era priorizar
la predicación de la “palabra”, hacerlo de manera unificada, no abandonar las
otras obligaciones y, para coordinarlo, les propusieron que eligieran un grupo
de personas rectas y justas. Aceptaron la propuesta, nombraron a siete hombres,
los presentaron a los apóstoles y éstos les impusieron las manos. Continuaron predicando todos, cada día
había nuevas incorporaciones y la comunidad crecía.
Han pasado muchos años y sería
bueno no dejar de reflexionar cada día sobre nuestro comportamiento cristiano
en la familia, la sociedad, la comunidad y después preguntarnos… ¿Conozco realmente
al Jesús que murió por mí en la cruz o al de la tradición? ¿Me esfuerzo para
cambiar, abandonar las rutinas y hacer cosas diferentes?
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