sábado, 2 de mayo de 2026

SU CAMINO ES VERDAD Y VIDA…

                                            Colaboración de Paco Pérez

¿Y EL NUESTRO?

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: HECHOS 6, 1-17

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

- «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

SALMO RESPONSORIAL: 32

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en Tu honor el arpa de diez cuerdas. R.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

2ª LECTURA: 1 PEDRO 2, 4-9

Queridos hermanos:

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

Dice la Escritura:

«Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.»

Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

EVANGELIO: JUAN 14, 1-12

Dijo Jesús a sus discípulos:

- «No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no os lo habría dicho, y me voy a prepararos un sitio.

Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y donde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice:

- «Señor, no sabemos dónde vas, ¿cómo podremos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora lo conocéis y lo habéis visto.»

Le dice Felipe:

- «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»

Jesús le replica:

- «Hace tanto que estoy con vosotros ¿y no me conoces Felipe? Quien me ha visto a mí, ha visto a mi Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Lo que yo os digo, no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en Mí, él mismo hace las obras.

Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.

REFLEXIÓN:

Jesús les enseñaba el camino del Reino dándoles de comer, curando al enfermo, levantando al caído, consolando al triste… Lo hacía con naturalidad y quienes lo presenciaban no comprendían lo que deseaba enseñarles.

Hablando con los discípulos le mostraron sus dudas y Él, como aún no tenían claro quién era, le preguntó a Felipe… ¿Todavía no me conoces?

Hoy, deberíamos preguntarnos… ¿Lo conocemos nosotros?

Pedro, cuando comprendió lo que le pedía, cambió y proclamó sin miedo que Jesús vino para ser la piedra sobre la que se edificó el edificio del pueblo de Dios, del que somos miembros y debemos trabajar con responsabilidad para darle continuidad a su obra, sin olvidarnos de ayudar a quienes estén agobiados y que Él es el sostén de todo porque es el muro indestructible en el que se estrellan los que intentan derribarlo.

Con la predicación de los discípulos creció el número de seguidores, incluso de otros lugares y culturas, aparecieron diferentes formas de entender la predicación y el funcionamiento del grupo, tuvieron enfrentamientos con el judaísmo y se reunieron para dar respuesta a la problemática. Los doce acordaron que lo importante era priorizar la predicación de la “palabra”, hacerlo de manera unificada, no abandonar las otras obligaciones y, para coordinarlo, les propusieron que eligieran un grupo de personas rectas y justas. Aceptaron la propuesta, nombraron a siete hombres, los presentaron a los apóstoles y éstos les impusieron las manos. Continuaron predicando todos, cada día había nuevas incorporaciones y la comunidad crecía.

Han pasado muchos años y sería bueno no dejar de reflexionar cada día sobre nuestro comportamiento cristiano en la familia, la sociedad, la comunidad y después preguntarnos… ¿Conozco realmente al Jesús que murió por mí en la cruz o al de la tradición? ¿Me esfuerzo para cambiar, abandonar las rutinas y hacer cosas diferentes?

 

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