viernes, 28 de agosto de 2026

EL SUFRIMIENTO

                                        Colaboración de Paco Pérez

¿CÓMO RESPONDEMOS?

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: JEREMÍAS 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste.
Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí.
Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción.»
La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día.

Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía.

SALMO: 62

R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
       

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R.

2ª LECTURA: ROMANOS 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable.

Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

EVANGELIO: MATEO 16, 21-27

En aquel tiempo empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó a parte y se puso a increparlo:

- ¡No lo permita Dios, Señor! ¡Eso no puede pasarte!

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

- Quítate de mi vista Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos:

- El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada cual según su conducta.

REFLEXIÓN:

Jeremías nos comenta cómo penetró la palabra en su interior, cómo la acogió y proclamó pero no tardó mucho en comprobar que sus propuestas no ayudaban a resolver los problemas de las personas, comenzó a recibir ofensas, se sintió mal, culpó a Dios de ser el causante de todo y renunció a la nueva forma de vivir que llevaba.

Después meditó y aceptó lo ocurrido al comprobar que la palabra había arraigado en él tanto que ya no podía darle la espalda. Esta reflexión le hizo tomar la decisión de seguir el camino iniciado, aunque sabía que no era fácil recorrerlo.

Jesús tampoco fue comprendido y comunicó a los discípulos que en Jerusalén las autoridades religiosas lo acusarían, apresarían, juzgarían y matarían.

Pedro, al no comprender sus palabras, no aceptó lo que les dijo y le pidió que lo evitara pero Jesús, con la respuesta que le dio les enseñó que, a veces, las cosas no son lo que parecen, fue su manera de comunicarles que perder la vida terrenal es lamentable pero a su vez gratificante porque ese paso nos hará ganar la vida eterna. Hoy… ¿Estamos dispuestos a seguirle en esos términos?

Los discípulos tardaron en comprender su anuncio pero cuando se cumplió y subió con el Padre ya no tuvieron dudas… ¿Las tenemos nosotros ahora?

Hoy, en algunos países, tiene un mérito enorme ser cristianos y no tener miedo pues, aunque saben que es peligroso seguir a Jesús ellos continúan su camino sabiendo que los miembros de otras confesiones no los respetan e irrumpen en sus casas y templos durante las celebraciones para asesinarlos y prender fuego a los edificios.

¿Acudiríamos nosotros a los templos parroquiales sabiendo que esas acciones de intolerancia podrían suceder estando en ellos?

Al presentarnos al Señor cada día… ¿Le presentamos el comportamiento que tenemos en la familia, la sociedad o el trabajo? ¿Le escondemos nuestras equivocaciones? ¿Le pedimos ayuda para reformar nuestras conductas equivocadas? ¿Le comunicamos el amor que le tenemos y nuestra confianza en su misericordia? ¿Le damos cada día las gracias por lo que hemos recibido, y recibimos, de Él?


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