viernes, 21 de agosto de 2026

¿QUIÉN ES JESÚS?

                                         Colaboración de Paco Pérez

¿CAMINAMOS FIJÁNDONOS EN ÉL?

TEXTOS, para meditarlos:

1ª LECTURA: ISAÍAS 22, 19-23

Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:
«Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo.
Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacin, hijo de Elías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá.
Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá.
Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a la casa paterna.»

SALMO: 137

R. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre. R.

Por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.

2ª LECTURA: ROMANOS 11, 33-36

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva?
Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.

EVANGELIO: MATEO 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

- ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

Ellos contestaron:

- Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.

 Él les preguntó:

- Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

- Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Jesús le respondió:

- ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora te digo yo:

- Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

Y ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

REFLEXIÓN:

Quienes confían en Dios se guían por Él y no tropiezan pero, quienes no, quedan expuestos a los vaivenes de la vida.

Los reyes, cuando recibían consejos de los profetas, confiaban en Dios y el pueblo vivía en paz pero cuando confiaban en los hombres tenían problemas. Sobna fue un mal consejero y el profeta le anunció qué le ocurriría por no haber gestionado correctamente. 

¿Por qué no escuchamos los consejos del Señor?

Porque comprenderlo no es fácil, sobre todo si no tenemos fe. Jesús, conociendo esta realidad, les preguntó:

- ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

Pedro respondió correctamente, inspirado por el Padre, para que todos comprendieran el misterio:

- [Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.].

¿Lo hemos comprendido ya?

Es importante contestarla con sinceridad pues responderla de manera mecánica, como cuando éramos niños, no tendrá sentido porque no nos ayudará a encauzar nuestra débil espiritualidad y práctica religiosa diaria.

Dios nos regaló a Jesús humanizado para que con sus ejemplos diarios aprendiéramos con facilidad a comportarnos y relacionarnos con las personas.

Si no asimilamos que su gran preocupación fue ayudar a todas las personas, y de manera prioritaria a las más necesitadas, es porque estamos anclados en un modelo religioso egoísta en el que nos limitamos a mirar al cielo y, rezando como loros, le pedimos al Padre su ayuda. Si lo hacemos así, será la confirmación de que aún no hemos empezado a recorrer el camino que Cristo enseñó.

Jesús fundó la Iglesia y encargó a Pedro la responsabilidad de guiarla para que, ayudado por el grupo de personas que habían vivido junto a Él, continuaran su labor evangelizadora.

Años después, Pablo predicó la grandeza del Señor y lo hizo magnificando su generosidad, sabiduría y conocimiento… ¿Por qué?

Porque las personas, al no comprender lo que les ocurre, se enojan con Él, a veces. Su buena intención fue orientarlos para que lo conocieran mejor y ayudarles a no ofenderlo con preguntas que nunca encontrarán respuesta, por eso les dijo: [¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!].

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