Colaboración de Paco Pérez
Capítulo I
EL MAL OLOR
Si
viajamos hasta nuestro pasado reciente volveremos a saborear las vivencias de cuando
éramos niños. Éstas, como es lógico, no podrán tener el mismo paladar porque en
aquellos años las dificultades estaban en todas las familias y por su culpa no
teníamos en las casas las comodidades necesarias que nos ayudaran a mitigar los
rigores del calor veraniego. Por esa razón no conocíamos los ventiladores y yo
diría que ni habíamos oído hablar del aire acondicionado, circunstancias por
las que durante el día y las calurosas noches del verano un buen cartón o un
abanico daban a los vecinos unas prestaciones magníficas para refrescar los
cuerpos sudorosos.


