Muchas
veces lo que deseamos no coincide con lo que recibimos y, cuando nos ocurre
esto… ¿Qué respuesta damos al Señor?
Algunas
personas saben aceptar los hechos tal y como les vienen y se ponen en manos de Él sin reproches pero también las hay
que, como suelen entender esas relaciones en un plano mercantil pues cuando
tienen un contratiempo hablan con el Señor
para comprometerse a realizar ciertos sacrificios si Él los saca de apuros. Cuando el desenlace de la situación no se ajusta a sus necesidades las
personas no aceptan la contrariedad,
rompen el compromiso que propusieron
al Señor y lo culpan de ser el causante de sus problemas.
El
“Cine Cervantes” fue el que más
recuerdos inolvidables me dejó y, tal vez, la única razón que puede explicar el
origen de ellos esté en que, desde pequeño, lo frecuenté bastante. Esta realidad
generaba en los peques una ilusión muy grande pues no había en el pueblo otros
espectáculos.
Con
la “parábola” Jesús conseguía que sus enseñanzas fueran entendidas por quienes lo
escuchaban. En esta ocasión empleó terminología del mundo agrícola y con ellas
les enseñó qué debían hacer para caminar con acierto en su etapa terrenal. Eran
palabras conocidas por ellos al recordarles lo que hacían y los procesos que
después ocurrían, de manera natural, sin que la mano del hombre interviniera. Les
comparaba la palabra con la semilla; que ésta debía ser depositada en las personas, como la semilla en la tierra; que después había que esperar un tiempo para que pudiera desarrollarse la planta, la
espiritualidad, y confiar en que más
adelante diera buenos frutos, las obras.
En
otro capítulo expuse que en este local se celebraban bodas y lo recuerdo hoy de
nuevo porque después del banquete de una de ellas fue cuando comenzó a tomar
cuerpo una acción anecdótica que bien podría ser calificada como travesura o
como acción pícara, dependerá su enjuiciamiento del grosor que tengan los
cristales que usen los lectores.