domingo, 14 de octubre de 2018

LOS JÓVENES NO SUELEN PENSAR EN EL CIELO


Colaboración de Paco Pérez
DE MAYORES SÓLO EN EL “MÁS ALLÁ”
Pedimos al Señor cosas que tienen un valor pasajero, el dinero es un ejemplo. Solemos hacerle estas peticiones inútiles porque las hemos elevado a una categoría que no se merecen pues, cuando las poseemos, tienen el poder de esclavizarnos. La ambición es quien se encarga de ponernos sus cadenas, nos acostumbra a vivir en un ambiente irreal y ya no nos acordamos de pedirle que nos ayude a luchar por la VERDAD y la JUSTICIA, es decir, por las cosas que no son perecederas. Salomón supo transitar por ese camino de manera sensata y por eso sólo le pidió SABIDURÍA, Él se la concedió y gobernó con acierto. Con sus decisiones acertadas alcanzó fama y fue reconocido por sus contemporáneos como un gran gobernante.

Las personas también han manifestado siempre su preocupación por lo que les espera después de morir y por eso, algunos, intentan modificar su comportamiento. Hoy se nos muestra un ejemplo en el Evangelio:
[17 En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:
- Maestro bueno… ¿Qué haré para heredar la vida eterna?].
Éste se preocupó por el “más allá”, algo inusual entre los jóvenes porque eso sólo suele afectar a los mayores cuando toman conciencia de que su mochila se va cargando de años y, a la vez, se va aligerando de salud.
En general, actuamos así cuando estas dos realidades se nos presentan y ya “comenzamos a verle las orejas al lobo” pero… ¿Cuándo éramos jóvenes nos preocupábamos del “más allá” o sólo de “las cosas terrenales”?
El ejemplo del evangelio no entra en la dinámica normal de la realidad social de todos los tiempos porque era un joven diferente que cumplía con los preceptos de su religión y no tenía problemas económicos. Esa preocupación que muestra por el “más allá” se le presenta de manera anticipada porque quienes lo tienen todo tampoco quieren que les falte nada cuando tengan que hacer el viaje final hasta el Padre.
 [18-19 Jesús le contestó:
- ¿Por qué me llamas bueno?
No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.
20-21 Él replico:
- Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:
- Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.].
El joven se alejó pensativo y muy preocupado… ¿Por qué?
Porque hemos sido educados en un cumplimiento religioso que nos lleva a mirar demasiado al cielo pero poco hacia quienes caminan a nuestro lado en la tierra y por eso no nos percatamos de que muchos de ellos viven en situación de exclusión y, si se nos acercan, les damos algo insignificante de lo que nos sobra pero la realidad es que ese comportamiento no es una implicación seria para ayudar a resolver esa problemática social.
En tiempos de Jesús, el judaísmo enseñaba que la riqueza era regalada por Dios a quienes se portaban bien. Como el joven rico fue educado con ese planteamiento tradicional pues la respuesta que recibió de Jesús chocó con su educación religiosa y se derrumbó.
Jesús resumió el cumplimiento religioso en “Amar a Dios y al prójimo”, estos cumplimientos parecen sencillos a simple vista pero llevan consigo muchos sacrificios y todos no estamos preparados para llevarlos adelante.
Por desgracia, los cristianos, nos hemos amoldado a una práctica que se sustenta en realizar actos sin sentido que se nos transmiten también mediante la tradición y que nunca fueron, ni son, combatidos desde la información correcta a temprana edad por la familia y por los responsables religiosos.
La Palabra del Señor reúne unas características tan especiales que puede ser entendida por todas las personas que muestren una buena disposición para recibirla y ponerla en práctica después será decisión de cada uno de nosotros pero no debemos olvidar que su grandeza le permite conocer si nuestras acciones son buenas o malas, hasta los más ocultos pensamientos y deseos de nuestro corazón son tamizados y anotados por Él. Por esa realidad, cuando nos llegue el momento de rendirle cuentas de nuestros actos, Él conocerá lo que hicimos y podrá decidir qué nos merecemos.


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