Colaboración de Paco Pérez
TEXTOS
JEREMÍAS 38, 4-6. 8-10
En aquellos días, los príncipes dijeron al rey:
- Muera ese Jeremías, porque está
desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con
semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su
desgracia.
Respondió el rey Sedecías:
- Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.
Ellos cogieron a Jeremías y lo
arrojaron en el aljibe de Malquías,
príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe
no había agua, sino lodo, y Jeremías se
hundió en el lodo.
Ebedmelek salió del palacio y habló
al rey:
- «Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde
morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad.
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita:
- Torna tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.