Creer
en Dios nos debe llevar a creer en Jesús y así, quienes aman al Padre, también amarán al Hijo. Si somos hijos/as de Dios también seremos hermanos/as de Jesús y deberemos amar a todas las
personas, hombres y mujeres. La salvación
que buscamos está relacionada con el amor
a Jesús. No es fácil para las personas entender esta necesidad pues para amar a los demás debemos estar cargados
de fe… ¿La tenemos realmente o creemos que la tenemos?
Se
habla de crisis religiosa pero yo me pregunto… ¿Es verdadera esa afirmación o está en el mismo nivel de siempre?
Yo
creo que está igual –salvando la distancia temporal y las excepciones
personales- porque la hubo, la hay y la habrá. Ésta no se solucionará mientras no demos los pasos que hagan cambiar
el modelo actual.
A
la caída de la tarde, con la sombra de los terrones, los aceituneros volvían al
pueblo. Lentamente, la escarcha blanca y crujiente comenzaba a caer cubriendo
la campiña, las calles y los añejos tejados, mientras alguna lechuza con su
vuelo silencioso y pausado se dejaba caer por caballetes y chimeneas, haciendo
creer al sencillo y supersticioso labriego con el lúgubre siseo de su canto, el
presagio de alguna cercana desgracia. En alguna que otra casa se escuchaba el
sonido del almirez como preludio de la humilde cena que el ama preparaba junto
al fuego del fogón.
Mis
vivencias y recuerdos están relacionados con el olivo y la obtención de su
preciado oro líquido, el aceite; se remontan a aquellos lejanos años de mi
niñez cuando, en vacaciones de Navidad, solía venir al pueblo desde Torreblascopedro y lo hacía a casa de
mi abuelo Tomás, más conocido por el
apodo de “Zamorita” que por su
nombre y apellidos.
El
abuelo fue un hombre emprendedor, negociante y dueño de una tienda en la que se
vendía de todo: desde el vidriado para el ajuar de una novia y el refajo de lana
del Pirineo para la abuela hasta la miel de Grazalema o el arado y el
escardillo para el labriego.
Los
acontecimientos previos a la muerte de Jesús asustaron a quienes estaban
siempre con Él. Cuando ésta sucedió
recibieron un impacto tremendo y salieron huyendo hacia Galilea porque estaban
desolados, ese lamentable comportamiento fue más achacable a la decepción que
habían sufrido y a la incomprensión de los acontecimientos que a la ausencia de
fe.
Unos
días después, cuando Jesús resucitó,
regresaron a Jerusalén porque ese acontecimiento les hizo recuperar la ilusión perdida…
¿Por qué?