miércoles, 23 de octubre de 2013

A LA MEMORIA DE D. ANDRÉS PADILLA

Colaboración de José Martínez Ramírez
Una vez más, ahora toca entender
el sentido inapelable de la muerte.
El silencio que provoca al caer
la guadaña lacerante, hiriente.

Este rosal de espinas, de querer
y no poder cambiar la suerte.
Esta estrella, desolada por hacer
de platino la nieve por suave ausente.

¿Qué fue, qué sucedió amada ayer
que todo se tornó sombrío y el campo verde?
Fui amante de la luna, soñaba con poder
mirar los cristales grises del alba alegre.

Decir, Guadalquivir no he de volver.                     
La magia del miedo, ya en el papel,
limó algún verso de amargo sabor presente.
Octubre, luctuoso y profano, quiero perder.

El calendario y su  caricia inútil siente,
sobre la hoja que nunca debió caer,
tejer hilos de lluvia. Árbol que su luz  pierde,
tras un breve destello de viento, al saber.

Que el final inapelable y oscuro quiere
viajar sobre la  estela inmortal de la muerte.

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