jueves, 25 de enero de 2018

DE SERES HUMANOS Y…


Colaboración de José Martínez Ramírez
 IV
SIN PIEDAD Y MORAL… ¡VIVA EL CAOS!
El otro día me sentí abandonado de la mano de Dios cuando escuche por televisión cómo unos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado explicaban, dando pelos y señales, la operación por la cual detuvieron al asesino de Diana.

Los asesinos que se detienen son una minoría, los que campan a sus anchas por el mundo son muchísimos y no suelen decir dónde viven. Los aprendices están muy atentos a lo que suelta por la boca un policía en televisión o en los bares, incluso los profesionales de las cloacas no pueden evitar oír estas informaciones que les regalan, inexplicablemente.
Veo bien que se premie con cualquier dádiva los esfuerzos de los profesionales. Lo que me parece un insulto al esfuerzo de los agentes de este caso y a las horas de vigilancias, contravigilancias y escuchas, a sus fatigas, es que cuenten, por poner un ejemplo, que hubo un tiempo donde ambos teléfonos móviles estuvieron juntos, el del asesino y el de Diana.
Claro, si alguna rata de cloaca piensa matar a alguien ya sabe que necesita una coartada y acaba de aprender cómo tenerla con el móvil. O sea, me cargo a fulanico pero previamente le pongo el móvil a mi amigo en su portal y después de cargarme a ese alguien lo visito. Después, en el juicio puede haber contradicciones en las horas que dice el asesino con la de su amigo pero, por lo pronto, complico la investigación.
¿Cuántas veces hemos visto en televisión a los agentes encargados de esta investigación?
Estos profesionales basan su trabajo en el anonimato, ahora los conocen en toda Europa. De todas formas, mi enhorabuena y un abrazo para todos.
LAS RATAS DE CLOACA APUNTAN A LAS DIANAS
Esa rata de cloaca;
éste, más que cabrón,
no tiene ningún perdón
y su hábitat es la caca.

Esos dientes de jaca
no los quiero ver yo
pues parecen un arpón
clavado hasta las entrañas.

Nos ha quitado un primor
de ojos grandes de gata,
muchacha simpática y…
¡Con la pureza de un limón!

El Madrid de los Austria
y la Galicia de agua y verdor;
no volverán a verla en blusón,
ni a enamorar su mirada,
suave como el visón…

¡Hasta siempre, Diana!








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