sábado, 23 de marzo de 2019

LA CUARESMA-3

Colaboración de Paco Pérez
CONVERSIÓN Y ARREPENTIMIENTO
Una vez más, se comprueba que el poder oprime los derechos de las personas: Agobiando con impuestos, sin importarle que no coman; imponiendo leyes que sirven al que manda y olvidan al que obedece; no respetando las creencias de quienes los encumbran al poder; gobernando para no abandonar el sillón y no para arreglar los problemas del necesitado… La clase sacerdotal servía a Dios y a sus intereses, esta situación fue la que denunció Jesús cuando se enfrentó a los vendedores y cambista que negociaban junto al Templo.
La opresión empujó a los galileos a manifestarse contra los abusos de Pilatos y él respondió matando a un montón de ellos en el interior del Templo, así fue como se mezcló la sangre de los muertos con la de los animales sacrificados para las ofrendas.

De las provincias que Roma tenía fuera, Israel siempre se caracterizó por su rebeldía, esa oposición los llevó a enfrentarse a los romanos en el año 70 d. de C. y por esa razón Jerusalén fue destruida.
En el pasado, cuando ocurría alguna desgracia, las personas juzgaban por las apariencias a las otras pues creían que les había sucedido por culpa de sus errores y que habían sido castigadas por Dios. Los hechos evangélicos de los galileos asesinados por manifestarse o quienes fueron aplastados por la torre al pasar cerca de ella en el momento del derrumbe son dos ejemplos que reflejan la creencia que había entonces… ¿Era correcto pensar que Dios los había castigado?
No, porque no podemos dar por hecho que Dios actuó condenando a quienes murieron pues estaríamos considerando que esos eran malas personas y el resto buenas. Jesús les mostró la realidad que ellos no veían, que quienes habían sobrevivido fueran igual de malos, o peores, que los fallecidos.
Por los hechos observados Él les aconsejó que iniciaran el camino de la conversión para que cambiaran los comportamientos.
Jesús les propuso la “parábola de la higuera” para enseñarles que debían ser comprensivos con quienes vivieran cerca y que deberían acostumbrarse a tener paciencia con quienes no respondieran satisfactoriamente en determinados momentos de su vida.
Un ejemplo de “conversión y cambio” lo encontramos en Moisés, cuando Dios le habló para que rescatara a su pueblo de la esclavitud en que vivía en Egipto. Aceptar la petición recibida de Dios no era fácil pues salvó la vida porque salió de aquella tierra huyendo del faraón. Por esa razón Él le comunicó sus planes para conseguirlo y él, a pesar de los problemas que había dejado allí, aceptó la misión sin titubear cuando le dijo quién era, está en ÉXODO 3, 14:
[Dijo Dios a Moisés:
- "Soy el que soy. Esto dirás a los israelitas: Yo-soy me envía a vosotros."].
Aceptó porque la fe que tenía en Él era enorme y porque se identificó ante él. Por esta acción del Señor con Moisés no debemos ignorar que para las personas semitas, en aquellos años, conocer el nombre del interlocutor era una garantía pues para ellos sólo existía lo que tenía nombre y Dios se identificó a Moisés.
Pablo escribió a los corintios para recordarles cómo actúa el Señor con las personas y lo hizo hablándoles con claridad de lo que le ocurrió al pueblo de Israel cuando caminó por el desierto después de salir de Egipto. Ellos comieron y bebieron lo que Él les regalaba, fue antes de entrar en la tierra prometida, pero no estaban contentos y protestaron.
Pablo les recordó que protestar por un derecho de manera correcta es de justicia pero no lo es cuando las formas y los procedimientos son incorrectos y están alimentados por la maldad y el egoísmo. Según él, el castigo que les mandó el Señor fue para que sirviera de ejemplo a ellos y a las generaciones futuras pues con decir que somos cristianos no es suficiente, hay que ser inconformistas y hacer otras cosas distintas, entonces sí nos implicaremos en lo que Dios nos pide que hagamos.
¿Qué postura sería la más adecuada?
Preocuparnos de averiguar qué entorpece la convivencia, ayudar a que cambien quienes tienen una mala actitud y concederles como a la higuera otra oportunidad.
Debemos aceptar que la solución está en el arrepentimiento y la conversión definitiva pues estar cayendo de manera permanente porque sabemos que Dios es misericordioso no es el camino.

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