jueves, 21 de abril de 2016

EL ARTE VILLARGORDEÑO

Colaboración de Juan José Castillo Mata
Capítulo VIII y FINAL
ANÉCDOTA OCURRIDA POR REALIZAR ESTOS TRABAJOS
Quiero contarles aquí, por esta afición a las miniaturas, la historia de un trabajo que hice hace años. Lo que voy a recordar hoy ha salido desde el pasado porque Paco Pérez lo conocía también y me lo sacó a relucir el día que tomó las fotos de los trabajos publicados.

Lo voy a exponer como homenaje a dos inolvidables amigos de verdad, lo fuimos durante muchos años y ya no están con nosotros, me refiero al matrimonio que formaron Juan Cañastororano” y Marina Martos.
Hace tiempo solicité a “Confederación Hidrográfica del Guadalquivir” que me adjudicará una casilla de “peones camineros” que hay en Iznadiel y me la concedieron con el compromiso por mi parte de que la conserváramos, todavía la tenemos. Por esa razón la mayoría de los domingos y festivos nos íbamos allí y nos lo pasábamos muy bien, unas veces íbamos los dos matrimonios solos y otras con más. La mejor prueba de que nos divertíamos mucho está en que repetíamos pues los que conocimos a Juan sabemos bien que era único para la juerga.
Como estábamos allí desde la mañana hasta la noche pues se me ocurrió la idea de hacer un tablero de ajedrez y, con madera de olivo, tallé las piezas necesarias para jugar a las “damas”. Cuando lo acabé lo llevé y por la tarde, como era invierno y hacía frío pues teníamos encendida una buena lumbre de palos, los dos nos pusimos a jugar una partida de “damas” para inaugurar el tablero las nuevas piezas que había hecho. Como todos sabemos muy bien cómo se las gastaba Juan con las polémicas pues ocurrió lo que tenía que ocurrir, que discutimos por el juego.
La partida estaba en un punto tal que a Juan no le quedaba otra solución que rendirse y empezar otra nueva. Tuve necesidad de ir al servicio y cuando regresé me encontré puestas las pizas de tal manera que, de ganarla, pasé a tenerla que perder yo.
Al ver la nueva posición de las piezas, como yo tengo también un carácter especial, pues sin darle explicaciones cogí el tablero y las fichas con tal decisión que los eché a la lumbre y, mientras lo hacía, le dije:
- ¡Ahora verás como no vamos a discutir más por el juego de “las damas”!
Mientras veíamos como ardían el juego nos dio por reír y así fue cómo se acabó la discusión.
Esta fue una de las muchas historias que vivimos Rosa y yo junto a Juan y Marina.
Como despedida quiero agradecer de corazón, a Paco Pérez, la buena labor de divulgación que está haciendo en Internet de estos trabajos pues, sin lo que él hace ahí, quedarían en el más completo anonimato. Amigo Paco, gracias.


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