domingo, 20 de enero de 2019

LA BODA DE CANÁ


Colaboración de Paco Pérez
LA MANIFESTACIÓN PÚBLICA DE JESÚS
El lenguaje de la Palabra está tan cargado de símbolos que deben ser interpretados por quienes escuchan o leen. Es tan antigua esta forma de comunicar que Isaías también lo hizo, lo encontramos en Isaías 62, 1-5. En él nos habla de unos novios, simbología que usa para referirse al Señor y a Jerusalén.
Él, como rey responsable, sale para defender a los habitantes de su ciudad y vence en el combate. De regreso a ella para ofrecer a su novia la victoria, observa a lo lejos las murallas de Jerusalén y la imagen que percibe desde la distancia le evoca la silueta de la corona que se ceñirá el día de su boda.

Ochocientos años después, en Caná de Galilea, Jesús comenzó su manifestación pública durante la celebración de una boda. Éstas eran unas fiestas familiares muy importantes y en ellas comían, bebían, bailaban y convivían durante siete días. Por esas razones los novios tenían que hacer unos cálculos muy precisos de los invitados, de la comida y de la bebida para evitar que no les faltara nada mientras duraba la celebración. El vino era un elemento importantísimo en la sociedad judía pues era para ellos símbolo del “amor” y por eso no les podía faltar.
En esta boda las previsiones realizadas para el vino fallaron y se acabó, la madre de Jesús se enteró, lo llamó para informarlo de lo que ocurría y le pidió que les ayudara.
Según la tradición del lugar, la boda transcurrió con normalidad hasta que faltó el vino y es en ese momento cuando, en nuestros días, debemos comenzar a mirar más allá de lo que aparentemente es un hecho normal, se consume mucho y se agotan las existencias.  Si lo hacemos comprenderemos que entonces entra en acción el cumplimiento del “Plan de Dios para la manifestación pública de Jesús”.
Los profetas habían anunciado que la llegada del Mesías sería un día de alegría grande, como eran las bodas para aquella sociedad. Jesús comenzó su presentación como Mesías cuando transformó el agua - símbolo de pureza para los judíos- en vino - símbolo de fiesta, de libertad y de la Eucaristía, que es compartir-.
La petición que María hizo a Jesús se ha interpretado como la necesidad que tenemos las personas de pedirle a ella para que después la eleve a Jesús y que Él, finalmente, le pida a Dios su concesión.
La “tradición cristiana”, no está de acuerdo con ese planteamiento pues entiende que el único mediador válido entre Dios y los hombres es Jesús.
También debemos mirar otras simbologías en el relato de hoy. Si el vino estaba en tinajas, éstas se quedaron vacías y con la intervención de María y Jesús se llenaron de buen vino pues... ¿No podríamos entender lo ocurrido como señal de que la Ley que guiaba los pasos de los judíos había quedado vacía de contenido y que Jesús había venido para darle una nueva orientación?
Los hombres nos perdemos buscando evidencias de la existencia de Dios y lo solemos hacer arañando donde no están, cada uno deberemos saber dónde lo hacemos y qué deseamos encontrar. El único espacio en el que podemos encontrarlo es en la Biblia. Hoy tenemos un ejemplo en la 2ª Lectura: 1 Corintios 12, 4-11… ¿Por qué?
Porque en ese texto se nos habla de los dones que el Señor nos concede, de sus distintas categorías, todos los recibimos de Él y que nos son entregados por el Espíritu Santo.
¿Nos hemos puesto a pensar qué “don” hemos recibido, si lo sabemos y si nos hemos puesto a trabajar con él para que nuestra familia y nuestra sociedad mejoren?

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