sábado, 11 de abril de 2020

SEMANA SANTA



Colaboración de Paco Pérez
LA RESURRECCIÓN DE JESÚS
Éste fue un hecho anunciado con antelación e inexplicable para los hombres pero real y cierto.
Quienes lo mataron no se fiaban de sus seguidores y pensaron que, para evitar que éstos pudieran robar el cuerpo y después decir al pueblo que había resucitado, lo mejor era tomar medidas preventivas colocando guardias junto al sepulcro. Después, éstas fueron la prueba más fiable de que no hubo truco en lo sucedido pues los mismos guardias daban testimonio de su certeza.

Para los discípulos también fue una realidad inexplicable y, para algunos, hasta no creíble. Lo cierto es que Jesús, con el que habían convivido un tiempo, fue abandonado o negado por ellos en el momento más delicado de su vida y después se encontraron de pronto con la realidad de que estaba de nuevo ante ellos pero, en esta ocasión... ¡Resucitado!
Los discípulos supieron que no era una ilusión porque lo tocaban, comían y hablaban con Él pero también sabían que ahora esa relación no era la misma que la vivida con Él antes de su muerte pues ellos comprobaron que siendo el mismo no era el de antes. Para ellos, el convivir unos días con “Jesús Resucitado” fue un paso decisivo porque sus vidas cambiaron de manera radical pues, después de su muerte, vivían escondidos por culpa del miedo a todo y a todos pero, al resucitar, se los ganó para su causa de manera definitiva cuando vivieron la nueva experiencia del reencuentro con Él y entonces recuperaron la alegría, la valentía de hablar sin miedo y el deseo de dar testimonio de su VERDAD.
Los discípulos, en esta segunda etapa, sabían que lo sucedido era verdad pero, como no lo habían presenciado, no podían afirmar nada sobre cómo había ocurrido y por eso sólo comunicaban al pueblo la experiencia personal que habían vivido con Él en esos días posteriores a su Resurrección, vivencias que fueron para ellos la confirmación definitiva de que Jesús era el Mesías prometido, en su doble condición de “Hombre-Dios”.
El testimonio que dio Pedro de la Resurrección estuvo apoyado en las enseñanzas y en los hechos que protagonizó Jesús desde que arrancó su vida pública hasta que resucitó. Él no la presenció y por eso, cuando predicó, no hizo afirmaciones de ella pero sí le sirvió para reafirmarse en sus convicciones y dar la cara por Él desde las vivencias que tuvo acompañándolo hasta que se marchó de manera definitiva con el Padre.
Como sabía que todos no habían tenido la oportunidad de presenciar sus últimos momentos aquí les comunicó que los apóstoles habían recibido el encargo de predicar su mensaje y de anunciar que quienes creyeran en Jesús recibirían el perdón de sus pecados. Les dio este mensaje después de convertirse totalmente al mensaje de Cristo pues antes, cuando caminó junto a Él, todavía no lo estaba porque era un judío que se guiaba por la Ley de Moisés y por esa razón no podía comprender bien sus palabras.
¿Qué le hizo entenderlo y cambiar definitivamente?
Cornelio, un centurión romano, era pagano y el judaísmo no lo aceptaba pero, a pesar de ello, le dio a Pedro una lección ejemplar cuando se acercó a él y se convirtió. Con este gesto sencillo le enseñó que entre las personas no se debían levantar barreras que, por el simple hecho de pertenecer a una raza o clase social, les impidieran relacionarse. Lo que Pedro hacía.
Pablo, también nos habla de la Resurrección y lo hace confirmando que Jesús, después de ella, está sentado a la derecha del Padre; aconsejándonos que trabajemos aquí siguiendo su ejemplo para que, cuando nos llegue la hora de marcharnos, hayamos laborado bien y podamos estar con Él en el cielo, donde están los bienes eternos, esos que nunca caducan, y no luchar para acumular las propiedades terrenales que al morir nos debemos dejar aquí.


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