miércoles, 13 de septiembre de 2017

TOMANDO EL FRESCO EN LAS NOCHES DE VERANO

Colaboración de Paco Pérez
Capítulo VII
LA RECETA DE COCINA
Todos sabemos que cuando se juntan varias personas de la misma profesión, hombres o mujeres, lo normal es que terminen hablando de las cosas que les ocurren en el desempeño de su trabajo y como en este caso eran amas de casa pues hubo alguna que manifestó lo cansada que se encontraba de ella después de tantos años de darle a la paleta y a la escoba; otra por tener que hacer todos los días las mismas cosas; también hubo alguna que manifestó lo pesado que le resultaba tener que fregar los platos… En fin, que como ninguna estaba contenta con su trabajo pues la conversación terminó por los “Cerros de Úbeda”, como suelen concluir las reuniones en las que todas las personas están descontentas y, en este caso, terminaron renegando de tener que seguir en ella al pie del cañón todos los días por obligación.

A pesar de lo dicho, cuando los profesionales se juntan para tomar un café o por cualquier otra cosas lo normal es que comiencen hablando de fútbol o del espacio pero acaban enzarzados con su trabajo, es inevitable por mucho que renieguen de él pues hay una fuerza que los empuja a terminar así… ¡¡¡Cuando hablan de él disfrutan muchísimo!!!
Pues eso mismo les ocurre también a las mujeres cuando se reúnen en la cafetería a desayunar o, como en este caso, cuando se juntaban en las puertas de las casas para tomar el fresco en las noches de verano, sentadas en una silla o en la grailla.
Hubo un tiempo en el que estas reuniones estaban muy popularizadas y, como es lógico, en la calle La Libertad también. Una noche, la tertulia, encauzó la conversación por ese camino y todas hablaron de los buenos manjares que sabían cocinar cuando la ocasión lo requería.
En un momento de la conversación, ya estaba el tema casi agotado, María decidió entrar en escena porque había estado en silencio y escuchando a las demás. Cuando tomó el relevo comenzó hablando con fuerza pues empezó exclamando y, además, con un buen chorro de voz:
- ¡¡¡Qué bien he cenado esta noche!!!
Otra señora no la dejó continuar pues se debió de sentir muy intrigada y le preguntó:
- María, te noto muy satisfecha con lo que has comido… ¿Qué cena tan rica es esa?
- Es una cena muy ligera y espero dormir esta noche muy bien.
- ¿Cómo se llama? –insistió la vecina.
María no tuvo en cuenta su pregunta y le respondió con lo que le había echado.
– Es una ensalada que lleva berenjenas asadas, tomate, cebolla y pimientos rojos y verdes –le respondió relatándole los ingredientes usados.
La vecina quedó muy sorprendida porque no debía de conocerla y por eso le preguntó por el nombre de nuevo.
– Pero María… ¿Me quieres decir ya cómo se llama?
– A esta comida, en Barcelona, le llaman “Ensalada gili - - - - - -”. Esta fue la respuesta que le dio y se quedó muy tranquila.
- ¡¡¡Cállate y no digas eso, tiene que tener otro nombre!!!
Así le respondió la vecina, mostrándose muy incrédula.
María no se alteró y, aunque la vecina le dio aquella respuesta, ella insistió:
- ¡¡¡Que sí mujer, ese es su nombre aunque no te lo creas, que lo sé yo muy bien!!!
Continuaron durante un rato manteniendo ambas sus posicionamientos. Finalmente, María decidió acabar con el asunto y para ello le dijo a su sobrina:
- Niña llama a Barcelona, a la casa de mi hijo y le dices que se ponga mi nuera, le preguntas por el nombre de esa comida. Hazme ese favor.
La sobrina, se marchó, llamó y unos minutos después regresó con la información:
- ¿Qué te ha dicho?
- Tía, me ha dicho que allí le llaman “Escalibada”.
María remató la faena diciéndoles:
– Bueno, lo mismo da un nombre que otro. Lo importante es que estaba muy buena y eso es lo que yo quería decir… ¿O no es verdad?
- ¡¡¡Totalmente verdad!!! -le respondieron a la vez las vecinas que le acompañaban.
Tomó de nuevo la palabra exclamando:
- ¡¡¡A otra cosa mariposa!!!
Durante unos minutos nadie abrió el pico, esperaban que retomara el protagonismo y que de nuevo saliera con otra ocurrencia pero, como era tan original, esta vez las volvió a sorprender y les salió por donde no la esperaban y, en vez de contarles otra ocurrencia, les preguntó:
- Bueno, como he cenado muy bien, pues estoy dispuesta a estar aquí hasta bien tarde… ¿Con quién la vamos a tomar ahora?
Su ocurrencia puso en marcha de nuevo el buen ambiente, las carcajadas aparecieron y las sastras comenzaron a cortar trajes a todos los mosquitos que se movían, lo que ella quería.


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