jueves, 6 de septiembre de 2018

IFNI, SESENTA AÑOS DESPUÉS


Colaboración de Juan Manuel Moral Moreno “Juanche”
EL REENCUENTRO
Ya conté en el escrito publicado el pasado 1 de agosto cómo tuve noticias de algunos viejos compañeros de la dolorosa experiencia que nos tocó vivir en Sidi Ifni durante la “Guerra” que enfrentó a España con Marruecos en 1957 para defender esa “colonia española” de sus ataques.
Por Internet mantuve contactos con el nieto de Antonio Milla Soto y él me dio los teléfonos de sus mayores. Gracias a los medios modernos volvimos a comunicarnos después de sesenta años y nos comunicamos el deseo de encontrarnos un día en el lugar que acordáramos cuando yo regresara a Villargordo para pasar el verano.
Después de esa primera charla telefónica continuamos relacionándonos y, cuando el pasado 11 de Junio regresé al pueblo, unos días después comenzamos de nuevo las conversaciones por el telefono y fijamos la fecha del encuentro para el 26 de Junio en Valdepeñas (Jaén).

Unos días después me encontré en “El Paseo” con Pepe Jiménez Valero “Chalequito”, hermano de Juan Jiménez ValeroEl Sastre”, y hablamos del encuentro.
Pepe, durante la conversación que tuvimos, me comentó que en Valdepeñas también vivía un compañero suyo de la mili, ellos la hicieron siete años después que yo en el “Sahara Español”. Por esta circunstancia decidió viajar también, lo hicimos en su coche y fuimos acompañados de nuestras esposas.
Antonio Milla me había dado la dirección de su domicilio pero para que no titubeáramos al llegar a Valdepeñas me aconsejó que buscáramos la plaza de la iglesia y allí nos encontraríamos. Una vez en el pueblo circulábamos orientados por el campanario y al estar cerca del punto de encuentro paró Pepe para que nos bajáramos, desde allí fuimos andando y él continuó para buscar aparcamiento.
En la plaza ya nos estaban esperando Antonio y Manuel, el encuentro fue muy emocionante y la esposa de Pepe, Pepi Colmenero Ramiro que estuvo muy atenta con la cámara, lo grabó con fotos y vídeo.
Habían pasado sesenta años, durante ese tiempo no nos habíamos vuelto a ver y por eso, cuando los villargordeños llegamos a la plaza, lo primero que hice fue mirar a un lado y otro para buscar con la vista a mis antiguos compañeros en África, como había algunos mayores no los identifiqué al pronto, los llamé por teléfono y les comuniqué que estábamos ya en la plaza. Unos minuto después localicé a dos mayores que venían hacia nosotros, a distancia me imaginé que eran Antonio y Manuel, y al estar cerca fue cuando los reconocí bien y los señalé a cada uno por su nombre… ¡Qué sorpresa se llevaron cuando se dieron cuenta de que avanzaba hacia ellos y los nombraba!
De pronto vi que el efecto de los años había actuado de manera diferente sobre aquellos soldados que saltaban y corrían sesenta años antes por los terrenos escarpados de Sidi Ifni, tuve esta vivencia porque mientras Antonio y yo nos movíamos con buena agilidad Manuel necesitaba ayudarse de la típica gancha para caminar. De esta manera fue como volvimos a encontrarnos estos viejos amigos.
Después de los abrazos las vivencias de la “guerra” fueron nuestros primeros temas de charla, volvimos a recordar algunos de los momentos que más impacto nos causaron y que aún no habíamos logrado olvidar. Manuel nos habló del tema que yo ya había contado: Aquella emboscada que sufrimos y que nos ocasionó la muerte del teniente, los ocho heridos y cuando se perdieron ellos dos.
Cuando él recordó aquella situación necesitó hablar de Dios y, aunque manifestó que cada vez creía menos, lo hizo reconociendo que de aquel infierno que vivió era difícil salir pero que si lo logró fue porque desde el cielo ese día le ayudaron a no morir.
Manuel estuvo muy comunicativo y nos habló también de que estuvo viviendo durante un tiempo en Mengíbar (Jaén) pero que un tiempo después decidió regresar a su pueblo, después trabajó de jardinero en el “Hospital Psiquiátrico” de Jaén, donde ahora vive. Durante ese tiempo conoció a D. Francisco Bautista Tirado pues allí trabajaba su hija Tere. También me comunicó que su hermano Antonio creía que yo era de Jabalquinto (Jaén) pero les aclaré que de ese pueblo eran MiguelEl Pelón”; apodado así porque siempre iba rapado, estuvo dos años en coma y ya ha fallecido, y Sebastián Molina, al que veo cada año cuando vengo al pueblo.
Manuel y Antonio estaban acompañados de un señor que se apellidaba Merino, nos lo presentaron y se identificó como un antiguo combatiente de Sidi Ifni.
Ambos manifestamos no reconocernos pues, aunque éramos del mismo Regimiento, no estábamos en la misma “sección”. Cuando hablamos de las experiencias que vivimos ya sí nos acordamos el uno del otro porque él iba a mi acuartelamiento para ver a sus paisanos, Manuel y Antonio.
Cuando Pepe Jiménez Valero regresó de aparcar se incorporó al grupo, se lo presenté y en el transcurso de la conversación les comunicó que siete años después de venirnos nosotros él viajó hasta el Sahara Español para cumplir con el deber de hacer el “Servicio Militar”. También les dijo que cuando veníamos en busca de la plaza pasamos por la puerta de Joaquín, un antiguo compañero de mili, el cual estaba sentado en la puerta de su casa, nos paramos y lo saludamos.
Las anécdotas y recuerdos fueron muchas pero lo que más manoseamos fueron las imborrables escenas que vivimos cuando murió el teniente D. Santiago Cristo Astray, las que nunca hemos olvidado, y el impacto tan grande que sufrimos cuando regresamos del frente con los muertos, heridos y la situación de silencio en que estábamos por no saber qué había podido pasarles a Manuel y al otro compañero. La verdad… ¡Todos creíamos que habían muerto y pasamos unas horas terribles hasta que aparecieron!  
Después del encuentro de la plaza Antonio nos propuso ir hasta su casa y, al llegar a la puerta, nos dimos cuenta que cuando Pepe paró el coche al llegar para que nos bajáramos fue exactamente delante de su domicilio.
Una vez en ella saludamos a las mujeres, bebimos, comimos y seguimos dándole vueltas a los recuerdos.
En la conversación quedó aclarado el mal entendido que tenían Antonio y Manuel pues me confundían con Sebastián Molina, natural de Jabalquinto. Cuando se planteó esta confusión les aclaré que Sebastián estuvo con Antonio y yo con Manuel.
Cuando acabamos Manuel nos propuso dar una vuelta por el pueblo para que lo conociéramos, nos pareció una buena idea y lo visitamos guiados por ellos. Durante el recorrido entramos en una cafetería-heladería y allí cada cual tomó lo que le apeteció.
Estábamos muy atareados con el café, los helados y la conversación cuando vi que Pepe y Pepi se levantaban y caminaban hacia la puerta de entrada, entonces me di cuenta que estaban saludando a un matrimonio que había entrado. Yo no los conocía pero unos minutos después regresaron a la tertulia acompañados de sus conocidos y me llevé una gran sorpresa porque tenían familia en Villargordo. Resultó que ella era Elena, la hija pequeña de Antonio Peñón” y María Antonia, y el señor su esposo. Éste se llama José María y vino a Villargordo desde Málaga atraído por aquella noticia de la curación milagrosa de Elena, se pusieron novios y, después de un tiempo, se casaron. En Villargordo vivieron durante un tiempo pues él trabajó allí como empleado de Sevillana y realizó un buen trabajo pues acabó con el montón de tramposos que engañaban a la empresa eléctrica. Cumplir con su obligación le acarreó muchos enemigos pero fue muy profesional hasta que fue trasladado.
Al atardecer dimos por acabada nuestra visita, nos despedimos emocionados y nos propusimos repetir los encuentros en el futuro, acordamos que el próximo será en el restaurante “El Recreo” de Villargordo.






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