martes, 2 de abril de 2019

LA CUARESMA-4


Colaboración de Paco Pérez
AYUDAR AL DÉBIL
La figura del “buen padre” siempre estuvo presente entre los hombres, Dios siempre se preocupó del pueblo de Israel en determinados momentos de su historia: Rescatándolos de la esclavitud que padecían en Egipto; solucionándoles sus necesidades de alimentación y, cuando entraron en la “Tierra Prometida”, cumplió la promesa que les hizo pues ya pudieron comer de los frutos de ella, el “maná” ya no lo necesitaron más.
Lamentablemente y a pesar de estas verdades de Dios, los hombres escuchan y se inclinan ante quienes tienen poder pero pasan de largo ante quienes más necesitan. Jesús nos enseñó el camino contrario, su preocupación por los DÉBILES.

La incomprensión y el egoísmo aparecen una vez más como uno de los elementos entorpecedores de la convivencia en el ámbito social y familiar. Para Jesús todas las personas eran iguales pero para quienes dirigían la espiritualidad del judaísmo no y por eso ellos le criticaban que acogiera a los publicanos y pecadores. Él, para mostrarles la falsedad de sus principios les propuso una parábola en la que quedaban al descubierto los comportamientos ruines de estas personas: El hijo inconformista que rompe la armonía familiar al pedir su parte de herencia, el propietario que no trata bien a sus trabajadores, el hijo egoísta que ve en el regreso del hermano derrochador un peligro y no un motivo de alegría, los escribas y doctores que mostraban al pueblo un comportamiento racista y excluyente pues ellos eran la gente buena y digna pero no sabían que Jesús se identificaba con los marginados.
Como ejemplo a imitar tenemos al padre que: complació al hijo para respetarle su deseo, sabiendo qué peligros le esperaban; sufrió en silencio su marcha; no podía descansar desde que se marchó; esperaba ilusionado su regreso; lo perdonó al regresar y organizó una fiesta para celebrar su vuelta.
Pablo nos habla de lo que representa para los hombres el hecho real de la venida de Jesús. Según él, los hombres debemos aceptar que el mundo espiritual hay que entenderlo en dos etapas bien diferenciadas, “hasta Jesús y después de Él”.
Por este planteamiento el hombre quedó liberado del formato que había en el pasado pues, según él, todos caminaban con el convencimiento de que eran buenos o malos y este error propiciaba que las apariencias reinaran en la sociedad. Jesús, conocedor de esa mentira, les abrió los ojos en el sentido contrario y Él, siendo inocente de todo, se entregó en un acto de reconciliación para que se nos perdonara el pecado.
Para conseguirlo deberemos estar en paz con Dios y, si lo hacemos, viviremos unidos y en paz con los otros hombres.





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