domingo, 20 de marzo de 2016

SEMANA SANTA 2.016. PREGÓN

Por D. Juan Antonio Martos Moreno
Capítulo II
¿PUEDE FUNCIONAR UNA SOCIEDAD SIN VALORES?
Una sociedad sin valores ni ayuda ni educa, está llamada al fracaso y es una sociedad condenada. Por esta razón debemos cultivarlos, convencidos de esta realidad y ayudados por el espíritu de Jesús.

Tiempo de Cuaresma, tiempo de REFLEXIÓN
La Cuaresma es el gran tiempo de preparación a la Pascua. La Iglesia nos invita a aprovechar este “tiempo favorable” y a prepararnos para la celebración del Misterio Pascual de Jesucristo. Por eso, la Cuaresma puede corresponder a un “retiro espiritual” vivido por toda la Iglesia, porque es un itinerario penitencial, bautismal y pascual. El tiempo de cuaresma nos invita a caminar en estos días por la Jerusalén villargordeña y es una ocasión única para hacernos una profunda revisión de nuestra propia conciencia, en definitiva de nuestra propia vida, por lo que todos los años al llegar el “Miércoles de ceniza” los cristianos nos acercamos al altar para recibirla mientras se pronuncian las palabras: [Polvo eres y en polvo te convertirás.]. Éstas nos recuerdan lo efímero de la vida terrenal. La imposición de la ceniza nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.
La Cuaresma, cuya duración es de 40 días, es un tiempo litúrgico que va desde el “Miércoles de ceniza” hasta el “Domingo de Ramos”, día en el que comienza la Semana Santa. Su duración está basada en la simbología que el número 40 tiene en la Sagrada Biblia: [Los 40 días del diluvio, los 40 años de marcha que el pueblo judío tuvo por el desierto, los 40 días de Moisés y de Elías en la montaña y los 40 días que paso Jesús por el desierto.]
También es tiempo de arrepentimiento de nuestros pecados, de reflexión, de penitencia, de conversión, de perdón y de preparación al misterio Pascual.
El Papa Pío XII, en 1.946, dijo: [Lo que caracteriza a nuestra época no es que se peque sino que se está perdiendo la conciencia del pecado.].
Imaginémonos lo que habría dicho el PAPA si hubiese conocido nuestra época.
Siempre se ha pecado pero en la Iglesia se buscaba el perdón.
Hoy, cada uno tenemos nuestra propia conciencia y, desde ella,  pretendemos determinar por nosotros mismos qué está bien y qué está mal, de manera unilateral y al margen de Dios.
Así, el hombre va perdiendo su propia conciencia y dicta él mismo lo que está bien o lo que está mal, sin darse cuenta de que el pecado ocasiona la esclavitud de nuestras almas y que nos genera tristeza y cansancio. Es una ofensa a Dios y con él destruimos a la sociedad mediante el orgullo, la envidia, la avaricia, la soberbia... Por tanto tenemos que buscar el perdón de nuestros pecados.
Los seres humanos que por naturaleza somos débiles y frágiles, nos aferramos a lo material y con su posesión nos creemos fuertes. Actuando así estamos muy equivocados porque sólo nos damos cuenta de nuestra fragilidad en la pérdida de un ser querido o en una grave enfermedad. Nos ocurre esto porque siempre pensamos que estamos ajenos a todo esto, hasta que nos llega el gran momento de conocer una gran verdad: [Somos polvo y en polvo nos convertiremos.].
Estas palabras tan ciertas no nos deben causar tristeza, si tenemos fe, porque polvo es nuestro cuerpo y éste se corrompe pero nuestra alma no muere porque es vida y después pasa a otra mejor junto al Padre.
Tenemos que aprender a perdonar, lo haremos igual que el Padre, sin preguntar, Él nos perdona porque nos ama y su amor es infinito, el “hijo pródigo” es el ejemplo adecuado. Este perdón tiene que ser recíproco porque a la vez que perdonamos debemos sentirnos  perdonados y reflexivo porque tenemos que perdonarnos nosotros  mismos.
Aquel que esté libre de pecado que arroje la primera piedra
En esta Semana Santa que coincide con el “Año de la MISERICORDIA”, que es un año de perdón y reconciliación, la esencia del “jubileo” es “pedir perdón a Dios y perdonar a los demás”. Debemos  todos: cristianos, judíos, ortodoxos, musulmanes… Considerar la MISERICORDIA como el primer atributo del DIOS ÚNICO.
La Cuaresma es tiempo de reflexión: vivimos tiempos difíciles y    estamos atravesando grandes crisis tanto “económica” como “ambiental”,  sin embargo nos olvidamos de otra que es la mayor de las crisis que estamos atravesando y que es, desde mi modesto punto de vista, es la principal de todas… ¡La crisis de valores en los planos humanos, espiritual y en la familia!
Hoy, uno de los mayores problemas de nuestra sociedad está en que carece o no quiere respetar los valores morales y, como consecuencia de ello, es imprescindible imponernos como un deber el volver a reeducar a la sociedad. Los medios de comunicación no son democráticos en cuanto a su funcionamiento y se han convertido en grandes competidores de la familia y la escuela… ¡Ellos  quieren educar a nuestros hijos!
Decía San Juan Pablo II: [La familia es la base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guiarán durante toda su vida para una correcta convivencia social.].
Hoy la juventud está creciendo sin valores y, por ello, no saben lo que está bien o está mal; sólo piensan en divertirse; no creen en el “más allá” y, como para ellos no existe, el ser felices es su religión, por eso se permiten hacer lo que sea, como sea y cuando sea. Con esta forma de pensar imperante  se están educando nuestros jóvenes, haciéndolo en el más espantoso de los egoísmos, y los padres, como respuesta, les damos todo lo que nos piden porque tienen derecho a ser felices.   
Estamos viviendo en la era del vacío
El  hombre de hoy está perdido ante las interrogantes de la existencia pues vive sin ideas claras, indiferente, pragmático, de pensamiento débil, sin formación humanística… Los mayores, nos escandalizamos mucho por el hecho de que una mujer lleve un abrigo que está hecho con piel de animales y, sin embargo, nos sentimos indiferentes de que se maten miles y millones de embriones humanos. Ocurre porque la conciencia se ha sustituido por la estadística pues hoy no vale aquella para ver si una cosa está bien o mal. En nuestros el aborto ya no rechazado por la conciencia pues la silenciamos guiados por la tendencia social que reflejan las encuestas, si un 40% o un 65% dicen sí o no nosotros estaremos.
Nos ocurre esto porque ya hemos prescindido de Dios debido a que pensamos que nosotros, sin Dios, podríamos construir una serie de valores que nos permitieran vivir sin ÉL y esto nos ha llevado a  quedarnos sin valores.
El hombre de hoy no tiene vínculos porque es un hombre huérfano de humildad, de nobleza, de  caridad… ¿Cuántas veces hemos pensado, aunque no nos hemos atrevido a decirlo, que esta vida es un asco porque todo el mundo va a lo suyo?
Hoy, más que nunca, necesitamos una razón para vivir, para amar, para aguantar el sufrimiento y para morir por algo; la necesitamos porque, cuando no la tenemos o no la encontramos, enfermamos de angustia. Esta nueva epidemia, por muchos psicólogos y teólogos, ha sido etiquetada como la “enfermedad del siglo XX” y, posiblemente, del “siglo XXI”.
Los otros días me decía un sacerdote, al que le tengo un gran aprecio y admiración, ya está mayor: [Juan A. desde que se ha perdido la conciencia del pecado y del perdón, porque la gente no quiere confesarse, los psicólogos se están forrando de ganar dinero.]… ¡Me quede de piedra!
La personas han perdido los valores morales, humanos y espirituales porque se han afincado entre nosotros el odio, el egoísmo y, sobre todo, lo material. Nos ha ocurrido porque le damos más valor a lo material que a la propia persona y en este sentido creo que, por ello, los cristianos estamos viviendo en una sociedad hipócrita, corrupta y carente de  valores. Nos ocurre porque al vivir sin temores a recibir castigos físicos correctos de la Justicia (lo habitual) o morales pues hemos quedado atrapados en una sociedad que, por estar carente de valores espirituales, está llamada al fracaso, al odio, a la envidia, a la ira, a la codicia y a la corrupción. Nos hemos olvidado de los pecados capitales.
Hemos pasado de los valores morales a los de mercado, todo se mueve por interés y ya nada vale por sí mismo, sólo por su utilidad.
Hemos aterrizado en el Relativismo
Es la era del relativismo, todo es mentira nada es verdad. La cultura del descarte y de la indiferencia, la que ha borrado del diccionario las palabras solidaridad, caridad, amor, conciencia social… Lo ha hecho porque les resultan incómodas y molestas a muchas personas de esta sociedad, de aceptarlas, tendrían que cambiar sus formas de proceder.
Esta cultura ha prescindido de las cinco últimas personas del verbo y ha conseguido que solo conjuguen los hombres las variantes de la primera persona (yo, mí, me, conmigo), olvidándose de las otras (tú, él, nosotros, vosotros y ellos) para caer en el mayor de los egoísmos. Esta forma de pensamiento nos hace despreciar a los pobres, a los ancianos, a los enfermos, a los niños no nacidos y a sentirnos indiferentes hacia Dios, nuestro Creador. Si nos fijamos bien, comprenderemos que es el triunfo del poder y del dinero sobre la dignidad, lo humano, la verdad, la justicia, la libertad y la caridad. Tenemos que abandonar ya: [Te quiero porque te necesito.] y abrazarnos a: [Te necesito porque te quiero.].
La Pasión de la Iglesia Católica
En definitiva no podemos seguir dándole más valor a lo económico y a lo material que a lo social y a la propia persona.
Si a todos estos problemas que afrontamos a diario en nuestra sociedad cristiana-católica le añadimos el gran problema interno que está atravesando la IGLESIA CATÓLICA, no debe sorprendernos que intenten aprovecharse de este río revuelto para pescar y de ahí que nos quieran introducir cualquier tipo de religión a costa de despreciar la nuestra.
Por esta tendencia vemos cómo hay gente que para satisfacer su propio ego son capaces de ridiculizar y burlase de las creencias de los demás… ¿Qué valores humanos, no cristianos, podían tener Pascual Maragall y Carlos Rovira, cuando visitaron Jerusalén y se burlaron de la “Pasión de CRISTO” en el lugar más sagrado del cristianismo, a unos metros del Calvario y del Santo Sepulcro? También nos podemos detener en Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid, para recordar aquel acto deleznable en el que asaltó la Capilla de la Universidad Complutense, en Madrid. Hace unas fechas ha sido Ada Colau, la actual alcaldesa de Barcelona, permitió que en un acto público organizado para la entrega de unos premios, la presentadora, se burlara ante las cámaras de TV del “Padre Nuestro”.
Estos señores/as que han representado y representan a este modelo de sociedad carecen, en absoluto, del sentido que tiene el saber respetar los sentimientos y los valores morales de los demás, lo más importantes del ser humano.
El respeto que das a los demás es un claro reflejo del respeto que te das a ti mismo porque si quieres ser respetado deberás comenzar por respeta a los demás.
A estas personas yo les pregunto… ¿Serían ustedes capaces de entrar en una mezquita y hacer lo mismo, burlándose del Corán y del Profeta? ¿Hasta qué punto de corrupción moral nos quieren llevar ustedes?
También escandalizó a esta parte de la ciudadanía un hecho: Que el Gobierno actual enviara un avión especial para repatriar a un misionero español enfermo de ébola, Manuel García Viejo. Sin embargo, cuando se pone al servicio de un alpinista en peligro un helicóptero para rescatarlo se aplaude… ¿Es justa esta doble vara de medir la solidaridad?
En ambos casos, misionero y alpinista, estaban haciendo lo que les gustaba pero con una diferencia notable: El alpinista hacía deporte y el misionero estaba dando su vida para salvar las de otros. No obstante, yo, estoy de acuerdo en que a los dos se socorriera.
Hoy se desprecia y se quita el crucifijo en las escuelas y hospitales pero se respeta el “burka”. Ambas acciones contradictorias son  realizadas por quienes dicen ser progresistas… ¿Este comportamiento es el fundamento de la filosofía progresista?
Ocurre porque nos olvidamos muy pronto, pese a todo, de la gran ayuda  espiritual, moral y económica que ha aportado y sigue aportando a la sociedad la Iglesia Católica a lo largo de la historia con su presencia en las misiones, los hospitales, los colegios, los comedores, las residencias de ancianos, a través de Caritas y de Manos Unidas… ¿Se puede dar más y ser tan poco reconocida esta labor silenciosa?
La Iglesia, en España, atiende a 4.459 centros asistenciales que acogen a 2,7 millones de personas, se han duplicado con la crisis…
En Educación a más de 6.041 centros, lo que supone 1.370.151 alumnos y tiene más de 17.000 misioneros españoles repartidos por todo el mundo.
¿Por qué los pobres llaman a las puertas de la Iglesia y no a las puertas de otras religiones?
La Iglesia recibe del Estado, mediante el IRPF de los cristianos que tachan su casilla, 252 millones de euros mientras que su aportación a la sociedad supone algo más de 30.000 millones de euros, es la mayor ONG del mundo.
A pesar de todo, se está descristianizando la sociedad pues la pérdida de valores ha hecho que perdamos la FE, estamos pasando por momentos difíciles los católicos, los que ya se habían dado en otras épocas.
El Papa León XIII, el día 5 de Mayo de 1.891, público  su Encíclica “RERUM NOVARUM” (De las cosas nuevas o de los cambios políticos). En ella pretendía paralizar la descristianización que la Iglesia estaba sufriendo en aquella sociedad del siglo XIX.
Esta encíclica fue una pieza clave para la “Doctrina Social” de la Iglesia y se basa en cuatro principales valores: Verdad, Libertad, Justicia y Caridad.
Estoy convencido que si la ponemos en práctica superaremos esta crisis que estamos atravesando y para ello sólo tenemos que hacer caso a las palabras del Papa Francisco:[La mayor herencia que los cristianos podemos dejarle a nuestros hijos es la FE.].
La Cuaresma también es tiempo de caridad; caridad con todos los necesitados ya sean de la etnia, estirpe o raza que sean y para aplicarla deberemos actuar con gran nobleza, humildad y generosidad cristiana hacia todos y lo haremos abriéndoles nuestros corazones.
Si somos cristianos… ¿A qué demos tener miedo y por qué?
No debemos tener miedo de abrir nuestros corazones a los más humildes, a los más necesitados, a los más pobres o a los más desconsolados. Decía San Juan Pablo II: [No tengáis miedo a abrir las puertas de par en par, no tengáis miedo.].
No debemos tenerlo porque ellos son los que más sufren y los que arriesgan su vida por tal de que se les reconozcan sus derechos fundamentales, los que más soportan la gran injusticia de esta sociedad, materialista y egoísta, a la que poco o casi nada le importan los grandes problemas que azotan a la humanidad: El hambre, la guerra y la miseria.
Existen muchos hermanos necesitados que esperan ayuda, muchos oprimidos que esperan justicia, muchos desocupados que esperan trabajo, muchos pueblos oprimidos que esperan libertad y respeto… ¿Cómo es posible que en nuestro tiempo, haya todavía quién se muere de hambre; quién está condenado al analfabetismo; quién carece de la asistencia médica más elemental o quién no tiene techo para cobijarse?  
Es posible porque en esta sociedad materialista el hombre sólo busca el poder, el dinero y el placer a costa de lo que sea. Le da igual todo porque lo importante para él es conseguirlo, y lo hace olvidándose y despreocupándose de los problemas de los demás. Cuando alguien levanta la voz contra quienes actúan en perjuicio de los más débiles, Jesús es el ejemplo ideal, los que hablan con la voz del corazón para defender la dignidad, la libertad y los derechos del hombre creado a imagen y semejanza de Dios... ¡Es perseguido para silenciar su voz crítica!
Cuando estas cosas ocurren el hombre no puede alcanzar la felicidad porque escucha con el oído del egoísmo y trata de comprarla pero no puede conseguirla así porque se le pone delante un vacío insalvable de amor, de perdón, de generosidad y de misericordia, el que sólo puede ser llenado con DIOS.
¿Y qué es la Felicidad?
Dar lo mejor de sí mismo por una causa noble y justa. Cuando el hombre no tiene una razón para poder dar lo mejor de sí mismo está llamado al fracaso y no puede encontrar la verdadera felicidad y entonces tendrá que preguntarse… ¿Cuál es la razón para vivir y dar lo mejor de nosotros mismos?
Para los cristianos la única razón es “seguir a JESUCRISTO” porque sabemos que Él se coloca siempre al lado de cada persona para ayudarle a llevar sus cruces, los fracasos, los miedos, las  angustias  y decirle… ¡Salta por encima de todos tus problemas y dale a los demás el amor que no se merecen, entrega lo mejor de ti mismo y, si los demás no te recompensan, Yo seré tu recompensa!
Por todo lo anteriormente dicho, y a mi modo de ver, es el momento de preguntarnos:
¿Qué estamos haciendo para sanar a este mundo enfermo que tanto está sufriendo porque el hombre está enfermo, aquejado de la pérdida de valores humanos  cristianos y que vive encerrado, sin salida posible, dentro de esta sociedad materialista, empírica y engañosa?
Nada mientras nos movamos sólo por intereses personales, egoístas, privados, partidistas, políticos, electoralistas y no lo hagamos por el principio del bien común que nos lleve a la concordia. MIENTRAS LOS QUE HABLAN CON LA VOZ DEL CORAZÓN SEAN ESCUCHADOS CON EL OÍDO DEL EGOÍSMO Y NO CON EL DE LA CONCORDIA este mundo seguirá sufriendo.
Hoy la virtud fundamental es la de la concordia, la del dialogo hecho sin prejuicios, con claridad y caridad y que no tenga dobles fondos y ases escondidos.
Tomo prestadas las palabras del PAPA FRANCISCO para preguntarme y preguntaros:
- ¿QUÉ MUNDO? ¿QUÉ MUNDO QUEREMOS DEJARLE A NUESTROS HIJOS? ¿QUÉ MUNDO QUEREMOS DEJARLE?







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