sábado, 9 de mayo de 2020

5º DOMINGO DE PASCUA


Colaboración de Paco Pérez
JESÚS ES EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA
El Evangelio refleja la conversación que mantuvo Jesús con sus discípulos durante la “Última Cena” y queda claro que en ese momento todavía no habían asimilado quién era realmente, se lo demostraron con las preguntas que le hacían y las respuestas que Él les daba. A pesar de ello les dijo cómo era la casa del Padre y que se iría a prepararles un sitio. Este mensaje es alentador porque, con su misericordia infinita, nos acogerá a todos.

Para comprender mejor el mensaje de Jesús os propongo LEER en Juan 14 estos versículos:
11: [Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no, creed a las obras.].
Les pedía que tuvieran fe en Él pero se lo puso todavía más fácil aconsejándoles que dieran preferencia a las obras buenas, lo que Él hacía cada día con los demás.
4: [Y donde yo voy, ya sabéis el camino.].
Estas palabras desconcertaron a Tomás y le dijo:
5: [Señor, no sabemos dónde vas, ¿cómo podremos saber el camino?].
Después de haber presenciado su día a día aún no habían entendido el ejemplo de vida que les dio cuando curó a los enfermos, consoló a los afligidos, escuchó los problemas ajenos, dio de comer al que se le acercaba, les habló del Padre con palabras sencillas… ¡Ese es el “CAMINO” que Jesús nos pide que recorramos!
Pero el desconcierto fue en aumento después de que les dijera:
7-8: [Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora lo conocéis y lo habéis visto.
Le dice Felipe:
- Señor, muéstranos al Padre y nos basta.].
Les habló de que Él y el Padre eran el mismo y Felipe nos confirma que el hombre necesita ver para creer, luego es un problema que tenemos los hombres porque no hemos sabido cuidar la fe que se nos regaló al nacer y después al pasar por el hecho religioso de puntillas.
Al morir Jesús, sus seguidores comenzaron a dar pasos para consolidar los cimientos de la primitiva comunidad cristiana que se estaba organizando, formaron grupos de trabajo y se repartieron las responsabilidades para así ayudar mejor a los apóstoles. En uno de éstos estaban los judeo-cristianos, cuyos antepasados eran de origen griego, y a ellos les encargaron la función de servir la comida en la mesa comunitaria pero lo que realmente hicieron fue predicar la Palabra. Con su trabajo, la comunidad cristiana de Jerusalén vivió una forma de predicación nueva porque Esteban y Felipe, dos de ellos, lo hacían siguiendo el ejemplo de Pedro y los apóstoles pero con unas formas más directas, lo que ocasionó que la comunidad experimentara una evolución grande. Éstos actuaban así porque interpretaron el mensaje de Jesús al pie de la letra y, como hizo Él en su momento, criticaban las prácticas del Templo y la interpretación errónea que hacían de la Ley, por este proceder los fariseos se opusieron a ellos, eran mal vistos por los poderes de siempre y la comunidad cristiana evangelizaba siguiendo dos líneas de actuación distintas, la de los apóstoles era respetada y la de éstos sufría la persecución.
Es evidente que la Palabra, siendo una y clara, siempre fue motivo de discrepancias entre quienes seguían a Jesús y por las diferentes formas que hubo, y hay, de interpretar qué se debe hacer y qué no. Ahí está, para mí, la causa por la que seguimos estancados en la cáscara de sus palabras y no somos capaces de profundizar hasta la pulpa de ellas, donde está lo esencial… ¡El prójimo!
La línea que seguían Esteban y Felipe era más evangélica pues se preocupaban de atender a los necesitados, ellos lo hacían con las viudas que no tenían a nadie que las ayudara.
Las palabras de Pedro confirman que ese camino era válido y nos recuerdan que Jesús, el sostén del edificio que es la Iglesia, fue rechazado y matado pero que todos los que intentan hacerle daño tropiezan en Él y fracasan.

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