lunes, 18 de mayo de 2020

DOS AMIGOS INSEPARABLES


Colaboración de José Martínez Ramírez
A la memoria del recién fallecido José y de su amigo Avelino…
¡Que en paz descansen los dos!

En la Fiesta de las Flores
entre el gentío y el clamor,
estaba José en el porche
del “Restaurante Tropezón”.
Lo acompañaban esa noche
su amigo Avelino, el mejor,
sus amadas… ¡Qué derroche
de belleza, alegría y candor!

La gente pasea su porte
los bolsillos esplendor,
todo sonrisas acorde
a esta feria sin parangón.
Antes de que se desborde
Avelino de su sillón,
fíjese usted cómo come
Pepe, mucha atención.
Esas sábanas salobres
conocidas como jamón,
quién le puso ese nombre,
al cielo lo llevaba yo.
Las lágrimas de ese hombre
asomadas al balcón,
de sus ojos que conocen
de lo bueno lo mejor.
Sonaba en el horizonte
un pasodoble de amor,
mi Huelva, que encoje
las venas del corazón.
Saltaron como un resorte
los cuatro sin temor,
volaban los pies sin corte
ágiles trompos sin cordón.
De oliva era el aceite,
chuletas de choto menor,
de reojo lo advierte
Avelino, y ve su olor,
se enfría, él no quiere,
pierde el paso, pisó
a su mujer y siente
un ligero y tenue amargor.
Se percata José y asiente
el lance sin pundonor,
guiña para que recuerde
el paladar y el sabor,
que a su amigo lo pierden,
y a él tampoco le da ardor.
¡Quiero que ustedes recuerden
qué bien lo pasaron los dos!

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