Colaboración de Paco Pérez
¿CÓMO RELACIONARNOS CON DIOS?
Dios estableció
con su pueblo una alianza pero pronto se olvidaron de ella y retornaron a la
idolatría, Moisés se enfadó, rompió
las TABLAS y el Señor castigó al pueblo. Después, llamó a Moisés, éste acudió y se le mostró con sus debilidades, le siguió
pidiendo perdón para el pueblo y,
para él, la ayuda que le empujara a
seguir caminando, el perdón de los
pecados y la renovación de la
elección.
El
Padre se mostró proclamando cómo
era: justo y paciente; de castigo
limitado y misericordia infinita;
fiel y solidario con quienes lo necesitan; que ama a las personas y que siempre está cerca de ellas.
Escuchó
a Moisés, le concedió sus peticiones y renovó
la alianza.
Después
de aquellos lamentables hechos que sucedieron al hombre, cuando esté ante Dios, la única actitud correcta que
debe mostrarle es de adoración. Así
se comportó Moisés porque entendió
bien que sin la compasión y el amor fiel es imposible la vida en
comunidad.
Muchos
años después San Pablo trabajó en la
misma dirección y por eso escribió a los cristianos de Corinto para pedirles que se comportaran como una comunidad unida,
que tuvieran un único plan de trabajo y una única meta… ¡Formar una verdadera
familia guiada por el Señor pues así
Él estaría con ellos!
A
pesar de ello, relacionarnos con el
Padre nos resulta complicado porque, al no poderlo tocar y ver, la
comprensión de su realidad pasa a ser un misterio a pesar de que Él siempre se mostró, y muestra, de
manera sencilla y entendible.
Conocemos
cómo se manifestó a Moisés y qué hizo éste; después vino su Hijo, vivió como un hombre
normal de su tiempo, nos mostró de manera práctica qué nos pedía el Padre que hiciéramos en nuestras
relaciones comunitarias con el prójimo, padeció el martirio para que, con su
muerte, ningún de los hombres que creyeran en Él murieran por culpa del pecado. Fue un auténtico acto de AMOR paternal con las personas… ¿Lo hemos entendido así dos mil años después?
Jesús, antes de su Ascensión y para que no nos quedáramos
solos y desorientados, nos envió la fuerza del Espíritu Santo para que permaneciera junto a nosotros hasta el
final de los tiempos y nos ayudara.
¿No hemos tenido aún suficientes pruebas?
Creo
que no porque, como somos tan complicados, nos empecinamos en no reconocer que
su grandeza está en la sencillez que
les mostraba Jesús a diario y en los ejemplos que daba para que las personas sencillas vieran así el
camino y para que nos fijáramos en su huella las generaciones futuras después
que Él regresara de nuevo junto al Padre… ¿Nos preocupamos de conocer y aceptar que vivió con sencillez rodeado de
su familia, relacionándose con los vecinos o trabajando cada día como
carpintero?
Jesús fue la cara visible de
la bondad de Dios, los quería a todos sin límites y se
preocupaba de su bien. Nos enseñó que debemos CONFIAR en Él aunque sea complicada la situación en que
estemos atrapados y que nos mostremos OBEDIENTES con todo lo que emana
del Padre. Después, si estamos convencidos de nuestro cristianismo,
deberemos trazarnos nuestro camino para seguirle y lo haremos fijándonos en lo que hacía, es decir, convertir
la teoría en práctica: Dejando de ser pasivos, sembrando felicidad,
posibilitando que las personas no pasen necesidades, es decir, humanizando la
vida familiar y comunitaria.
Para
que estas buenas intenciones triunfen deberemos vivir amando al prójimo como
se merece y para ello deberemos confiar en que el Espíritu
Santo
nos lo regale en abundancia. Esta será la fuerza que dará sentido a nuestros
actos y así es como evitaremos volver a cometer nuevos errores.
Sabiendo
que la Santísima Trinidad es nuestra
protección y ayuda deberemos confiar y ponernos a trabajar empujados por un
deseo sincero de cambio. Lo necesitamos porque se nos ha enseñado durante
demasiado tiempo una religión basada en atemorizar a las personas con el
pecado, la muerte, los castigos, los premios, los buenos y los malos… Pero,
opino, que no se nos ilustró acertadamente sobre cómo es el Dios AMOR; sobre Jesús, cuál fue el verdadero sentido de su venida y el cometido del
Espíritu Santo.
Para
conseguir asimilar esta realidades en el conjunto de la Santísima Trinidad hace falta que cambien muchas cosas en los dirigentes y en los seglares.
Todos
necesitamos cambiar pues Jesús nos
lo enseñó en la escena de los “Cambistas”.
Fallamos porque seguimos convirtiendo en religión lo que no es y por eso cada
uno debe mirar en su interior, en su parroquia y en el conjunto. Si después de hacerlo
consideramos que todo es correcto pues ya está todo dicho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario